El Altar de la palabra

Oralidad es el espíritu vivo del relato, el alma de la historia que quiere ser contada. Es un territorio en el cuerpo, un lugar desde donde la expresión se libera y la palabra habita en forma de narrativa y mito. No es sólo voz, es historia en movimiento y vida alineadas con su propio relato eterno. Contar desde nuestro propio punto de vista es un acto de soberanía creativa, donde la palabra subjetiva y encarnada se convierte en medicina biográfica.

Recuperar la voz femenina uterina es recuperar su profecía. Hablábamos la lengua del tiempo, nuestro ojo cuidaba a la tribu, éramos amadas y consultadas como voces de la madre y su misterio. Ser oráculo es ser arcana de una energía que precede la conquista del alfabeto. Es la voz de la muerte y de la vida en unión sagrada, en puente que se teje y se reconcilia eternamente. La astrología es antigua, anciana. Debajo de su cábala todavía encontramos la arqueología de los mitos y las historias que preceden su colonización. Historias que nos liberan al recordarnos las capas más profundas de nuestra pertenencia. No es un destino que nos domina. La profecía no se puede dominar. Lo que está escrito en las estrellas, está escrito en nuestra sangre, en nuestros huesos. Estamos hechos de lo mismo. Se trata de poder escuchar y aceptar la fuerza oracular del encuentro con nuestra carta astrológica y cómo –más que temerlo y/o obedecerlo ciegamente– se trata de revivir el arte de una escucha más sutil y profunda del mensaje que se nos ofrenda desde cielo. Es importante no disociarnos del cuerpo cuando recibimos el mensaje. Es un encuentro interno entre lo que sabemos en nuestras entrañas y lo que el cielo nos confirma. En mi experiencia, una lectura astrológica tiene como función la de confirmarnos lo que intuimos.
Desde esta oralidad, podemos reconocer los mitos –las historias– que llegan a la página escrita y que conservan la poética del espíritu juglar al servicio de lo que quiere ser parte de la vida. Reconocemos la oralidad que brota del corazón de quien la canta y de quien la escribe. Honramos lo que ha muerto y renacido en su palabra, lo que se ha materializado. Durante más de una década, leí muy pocos libros, apagué mi hambre de lectura para alimentarme de otras fuentes, otros caminos. Elegí el cuerpo en la cueva, en el bosque, la montaña, la danza, el fuego, las plantas, la práctica y la comunidad al servicio como espejos de mi intento de integridad. Ahí me separé de la palabra leída para habitar el cuerpo de la oralidad, vivir lo que nunca podrá ser escrito, habitar la vida fuera del margen de lo tangible, y sentir el libro orgánico de la vida moverme. Fue en el Reino de la Tierra que encontré la palabra que me buscaba, la punta del hilo de la historia en mí que quiere ser tejida y contada.
Amo el arte de escribir y lo que el acto de escribir revela, y, también, amo la oralidad. Estoy consciente que de que hay una oralidad poética en mi escritura, y también en el oráculo somático hay una voz que pide libertad y expresarse de manera directa, sin que medie la escritura.
Este texto va de mi transición de escribir sobre los tránsitos planetarios a escribir biográficamente. Es un traspaso interno que implica atender el nuevo eje de mi voz. Este eje encuentra un lugar cada vez más profundo desde el cual enraizar la palabra. Es mi escritura encarnada. Mi palabra matriz. Mi voz uterina.
De esta voz herida brotan las memorias de la sombra del arquetipo de la hereje. La sombra de la hereje reúne las memorias traumáticas vinculadas a las consecuencias de expresar públicamente la verdad de la sabiduría femenina. La sombra de la hereje se revela en la decisión de elegir el silencio sobre la palabra por miedo a la persecución y la muerte. Así aprendimos a sobrevivir. Por eso una de las prácticas vitales de la sabiduría femenina es cultivar una relación íntima y somática con la muerte. Es decir, con el misterio del cual somos custodias.
Esta voz hace su recorrido intrauterino –entretejido en todos los úteros de la humanidad–, brota en mi corazón y dice sí. Siento el recorrido interno de la curación. Hoy reconozco la violencia que he tenido que digerir para sentir el permiso de dar este sí a mi palabra. Mi palabra al servicio de la herida de mi voz. Ésta es mi herejía curativa.
En noviembre del 2024 tuve la visión de una abuela muy antigua de mi linaje, que conocía el poder de la palabra y, como viajera atemporal, su alcance mágico. Esta abuela levantó un conjuro de amor. Encriptó un código, un antídoto hecho de palabras dichas desde el lugar correcto y en el tiempo correcto, porque conocía las artes de la buena relación. Un conjuro capaz de romper el hechizo del futuro ocupado. Un conjuro para despertar la memoria y liberar los dones de sus nietas venideras.
mi voz es un conjuro mi voz es un conjuro mi algoritmo es un conjuro no hay máquina que sustituya el conjuro de mi voz de mi voz de mi voz silvestre
Cuando comparto mi proceso lo hago como si te invitara a mi taller a mostrarte cómo me muevo, cómo creo, cómo trabajo. Cuando nombro el dolor –la herida, el duelo o el trauma, no me motiva una búsqueda de simpatía, consejo o apoyo, tampoco lo hago como un desahogo curativo, o una manera de procesar lo que vivo. Tengo mi equipo de apoyo, superviso mi trabajo, tomo remedios, y me dejo acompañar en lo que exploro e investigo la frontera creativa y curativa en mí, en mi cuerpo, mi expresión y en mi relación con la vida. Mi intención en este espacio –y con mis propuestas– es compartir herramientas y recursos para el cultivo de nuestra soberanía creativa, tanto en soledad, como en espacios compartidos. No hablo de alcanzar la soberanía creativa. Hablo de cultivarla. No es una meta, es un principio (un valor), una práctica y un camino de vida. Es un permiso para que la voz de nuestro deseo se abra paso y alumbre nuestro camino.
Para mí, el emprendimiento íntegro es cíclico y respeta el orden de lo femenino. Para mí un emprendimiento íntegro es el que despierta en mí el compromiso de dar lo mejor de mí, de poner mi energía y peso en cada palabra que escribo para explicarte lo que hago, lo que ofrezco desde la raíz. Mi emprendimiento es somático y curativo. No me gusta tener la sensación de que te quiero vender algo, de que mi interés en ti es solamente mercantil. Ése es uno de mis mayores bloqueos a la hora de compartir mis ofrendas. Por eso he buscado siempre la manera de presentar mis propuestas como invitaciones, como llamadas a unirte, a recordar, a aprender si tu alma así lo siente. Estoy comunicando mi respeto e intención. Es tu alma la que sabe. Mi intención es que le llegue el mensaje para que pueda elegir si este es su lugar, o no. Emprender y consentir van de la mano.
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  • by Paloma Todd Montes

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