HERMES bajo el ala del sol
Del 1 de junio 2026 al 1 de marzo del 2027.
PRESENTACIÓN
Este recorrido de nueve meses se sostiene en uno de los principios fundamentales de la tradición hermética, y constituye una base operativa sobre la cual se apoya la astrología médica. Su máxima, como es arriba es abajo, expresa que la realidad se organiza a través de patrones que se repiten, se reflejan y se traducen entre distintos planos de la existencia. Lo que ocurre en el Cielo tiene su espejo en la Tierra así como en el cuerpo. Lo que se mueve en el cosmos se inscribe en la experiencia humana. Lo que se transforma en nuestra percepción reorganiza la vida en múltiples niveles a la vez.
Hermes encarna esta ley en movimiento. Como mediador entre mundos, su función es precisamente la de traducir entre los planos. La de conectar lo divino, lo terrenal y lo humano. El lenguaje, en este contexto, es una tecnología simbólica, un canal de transmisión que permite que el sentido circule entre lo visible y lo invisible.
La ley de correspondencia es también uno de los fundamentos de Soberanía Creativa. Trabajar con la correlación entre el Cielo y la Tierra, con sus mitos, sus conjuros y sus vías silvestres y libertarias, es trabajar con un cosmos estructurado en resonancias, donde lo visible y lo invisible se reflejan y se informan mutuamente a través de la experiencia humana.
En este ciclo de nueve meses Mercurio, a través de sus tres retrogradaciones en los signos de agua, nos guía en este proceso.
Cada retrogradación revela un umbral específico dentro del recorrido.
En Cáncer (del 29 de junio al 24 de julio)
Mercurio desciende a la memoria del origen, al agua primigenia donde la vida tomó forma. Aquí el cuerpo es la primera casa y la madre el primer territorio.
La trinidad del agua abre su cauce en este punto, reconectando con el útero simbólico que sostuvo las primeras experiencias de nutrición, protección y vínculo. Se activa la memoria emocional temprana, aquello que creció antes de tener palabras, antes de poder ser nombrado o comprendido. Mercurio entra en ese campo y traduce lo sentido, recorre los primeros ecosistemas de pertenencia donde se configuró el tono afectivo de nuestra existencia.
Un patrón antiguo emerge desde este lugar. Un relato que se gestó en la relación con la madre, con el cuidado, con la disponibilidad o la ausencia, y que continúa organizando de forma silenciosa nuestra manera de habitar el presente.
En Escorpio (del 24 de octubre al 13 de noviembre)
Aquí el descenso de Mercurio es más profundo. Mercurio nos lleva a lo que comunicamos desde el silencio. Revela los pactos no formulados, las alianzas invisibles inscritas en la memoria transgeneracional que habita nuestro cuerpo sin una elección plenamente consentida.
Este momento del ciclo adquiere un matiz más profundo, porque el tránsito de Mercurio retrógrado en Escorpio coincide con la retrogradación de Venus en Escorpio y su cambio de ciclo de Aries a Escorpio. Todo esto nos habla de un momento de intensidad simbólica en el cual el vínculo, el deseo y la memoria ancestral entran en diálogo y revisión.
Este año, el encuentro con los ancestros y las ancestras se presenta como un momento de reconfiguración del campo interno. La memoria ancestral vive en nuestro cuerpo como un sustrato. Vive en los patrones ocultos del deseo, en la forma en que nuestro eros se mueve o se repliega, en los vínculos que repetimos sin haberlos elegido conscientemente. Trabajar desde este sustrato es trabajar desde la raíz, desde el lugar donde el mito y el soma se encuentran. Es el lugar que precede la intervención de nuestra mente.
Es en esta encrucijada porosa donde opera la alquimia mito*somática de Mercurio*Hermes.
Como guía de almas y mediador entre mundos, Mercurio*Hermes tiene acceso a lo que quedó suspendido en las profundidades del campo ancestral. Los fragmentos del alma que el tiempo enterró, los recursos que el linaje no pudo integrar, la vitalidad que espera ser rescatada del territorio subacuático de la memoria. Su función es atravesar este territorio, establecer los enlaces y las conexiones necesarias para que lo que estaba disociado pueda ser digerido, integrado y devuelto a la corriente viva de la experiencia presente.
En Piscis (del 9 de febrero al 3 de marzo de 2027)
Aquí el descenso de Mercurio alcanza el territorio donde el lenguaje se vuelve permeable, donde las estructuras que organizaron el sentido comienzan a aflojarse para dar paso a otra forma de inteligencia. Es un umbral. Un espacio mutable donde la psicología humana y la experiencia espiritual se entrelazan en el cuerpo.
Piscis abre la dimensión de nuestra mística somática. Nuestra experiencia deja de ser interpretada únicamente desde la mente y pasa a ser vivida como un campo vivo. Nuestro cuerpo se vuelve poroso, sensible a lo invisible, disponible para percibir lo que no pertenece exclusivamente a nuestra biografía individual. Aquí se revela una relación directa con algo mayor. Con algo que nos sostiene, atraviesa y sobrepasa.
Lo que se abre en Cáncer y se transforma en Escorpio encuentra aquí su forma más esencial. Ya no se organiza en torno a nuestro relato personal, sino en relación con un tejido más amplio donde todo participa.
Piscis nos inicia un compromiso con el campo mayor. Una disposición a vivir en relación con lo que no controlamos, con lo que se mueve a través nuestro, con lo que pide ser encarnado sin apropiación. Aquí el lenguaje es gesto, presencia, vibración.
Es el cierre del descenso de Mercurio y, al mismo tiempo, es la preparación para una nueva forma de expresión. Lo que atravesamos en este umbral vuelve transformado y disponible para ser ofrendado al mundo desde otro nivel de coherencia.
LA METAMORFOSIS DE VENUS
Venus inicia su movimiento retrógrado el 3 de octubre desde el grado 8 de Escorpio. Ahí comienza su metamorfosis. Venus se retira de nuestra vista. Desaparece del cielo de la noche y pasa entre la Tierra y el Sol.
El 24 de octubre, en el grado 0 de Escorpio, Venus se disuelve en la conjunción interior con el Sol. Se disuelve en los rayos del Sol. Venus combusta se desviste del arquetipo de Aries para renacer vestida del arquetipo de Escorpio. Ese mismo día Mercurio retrograda en Escorpio.
Este es el corazón del portal de los ancestros. Venus transmuta. Todo lo aprendido en 18 meses de iniciación bajo el arquetipo de Aries se disuelve en la oscuridad de Escorpio. Es disolución antes de su renacimiento luminoso como estrella de la mañana.
Venus reaparece como estrella de la mañana, alta y brillante en el cielo del amanecer. Renace como doncella e inaugura un nuevo ciclo sinódico de 18 meses, esta vez atravesando el territorio de Escorpio.
Este movimiento forma parte de una secuencia mayor. El ciclo que Venus inició en junio del 2020 llega ahora a su fin. Con la conjunción interior de Venus y el Sol en Escorpio se completa la última punta de la estrella de cinco puntas que Venus trazó en el cielo. Así cerramos un ciclo de ocho años de geometría venusina.
La conjunción interior de Venus con el Sol en Escorpio marca el inicio del ciclo de Venus en su fase más interna. Venus se recoge y se transforma en semilla en la casa de Escorpio, el territorio de la profundidad, la memoria y los registros antiguos. Con Mercurio retrógrado este mismo día, el campo vincular se alinea con el cognitivo. Deseo y palabra cruzan juntos el mismo umbral.
Desde la ley de correspondencia, Venus regula la gestión del agua vital a través de los riñones, que sostienen el equilibrio interno. Filtra lo que permanece y lo que se libera. En Escorpio, nuestro deseo entra en ese mismo proceso de depuración. Se refina, se reorganiza y comienza a alinearse con la coherencia de nuestro cuerpo.
En este portal se activan dinámicas de poder vinculadas al deseo, formas de control y dependencia. Emergen patrones y configuraciones de nuestra sexualidad atravesadas por el silencio y por memorias. Surgen las huellas de la invasión en nuestri campo vincular y los apegos sostenidos desde la herida. La conjunción activa estas memorias, mientras que Mercurio aporta la capacidad de leer y eventualmente nombrar este territorio.
La cercanía de esta narrativa con el portal de los ancestros amplifica este proceso. Lo que emerge pertenece a nuestra biografía y nuestro linaje, revelando los patrones y las memorias que cruzan generaciones.
En este punto del recorrido, Venus y Mercurio en Escorpio abren una fase de reorganización profunda donde cuerpo, vínculo y lenguaje se alinean para transformar la relación con el deseo y con la vida.
EL TIEMPO QUE VIVIMOS
Este recorrido nace en un momento de transformación profunda del lenguaje colectivo.
El 26 de abril de 2026, Urano entra en Géminis, signo regido por Mercurio. Esta conjunción inaugura un ciclo de ruptura y de renovación en la manera en que pensamos, nos comunicamos y en la manera eb la que construimos sentido compartido. Hay una revolución del lenguaje. Fracturas, caos, disrupciones, innovaciones. Lo que hemos nombrado de una manera ya no puede nombrarse igual.
Hay un mundo inombrado, lleno de vida, que nos espera. En este contexto, recuperar nuestra relación con el lenguaje desde el cuerpo, desde la memoria y desde la inteligencia somática es un acto que trasciende lo personal. Es nuestro movimiento. Soberano.
Cuando trabajamos con nuestro propio relato profundo, cuando rescatamos fragmentos de nuestra voz perdidos en el campo ancestral, cuando aprendemos a nombrar desde un lugar más vivo y más verdadero, contribuimos a la renovación del campo colectivo.
En este ciclo Mercurio*Hermes trae una medicina específica para el tiempo que vivimos. Su naturaleza como mediador entre mundos, como el portador de los mensajes entre lo visible y lo invisible, de guía en los territorios donde el lenguaje se deshace y se rehace, es precisamente lo que este momento colectivo necesita.
Cuando el lenguaje colectivo es revolucionado desde afuera, desde la tecnología, desde la velocidad, desde los sistemas que producen sentido en masa, el riesgo más profundo es hablar con palabras que no son propias. Lo hacemos sin saberlo. Repetimos guiones heredados, ancestrales o culturales, creyendo que son elecciones propias. Lo delicado es que nombramos nuestra experiencia con un lenguaje prestado que no la contiene del todo, por tanto, que la deforma. Este desajuste no solo limita nuestra comprensión, sin que también altera la forma en que integramos la experiencia en el cuerpo. Afinar el lenguaje se vuelve entonces un acto de restitución, una manera de devolverle a la vivencia su forma propia.
La medicina de Mercurio*Hermes es el retorno a la fuente de nuestra propia voz. Como acto de soberanía. La capacidad de atravesar el umbral entre el lenguaje que recibimos y el lenguaje que generamos, entre la voz que nos formó y la voz que nos pertenece, entre el relato heredado y la palabra que emerge desde el cuerpo vivo. Desde la memoria integrada. Desde la experiencia que ya fue digerida y ahora puede ser nombrada desde adentro.
Esta es la medicina. Y es colectiva precisamente porque cada persona que recupera la autoría de su propia voz participa en el campo colectivo con un lenguaje que nació de algo real.
El wyrd, el tejido de destino que nos precede y nos atraviesa, es una red viva de hilos que podemos reconocer, soltar, retejer. Cada hilo de un patrón heredado que liberamos, de un guion que no elegimos, de una voz que no era la nuestra, modifica la totalidad de la trama . Lo que sanamos en nosotras viaja por el tejido, alcanza lo que vino antes y abre posibilidad para lo que viene después.
La hermética somática opera precisamente en ese nivel. El cuerpo cuenta la historia personal y también la historia del linaje. Lleva el peso de las memorias que no fueron procesadas, los fragmentos de voz que quedaron suspendidos en el campo ancestral esperando que alguien tuviera las condiciones para recogerlos y expresarlos, darle cauce. Cuando trabajamos desde el cuerpo, cuando hacemos tiempo para escuchar la sensación antes que la explicación, cuando dejamos que la imagen emerja antes de forzar el concepto, accedemos a este tejido desde adentro. Tocamos el patrón que origina la narrativa, y desde ahí podemos moverlo.
Mercurio*Hermes como principio hermético somático sabe que el cambio real ocurre en la capa donde el lenguaje y el cuerpo son todavía una sola cosa. Ahí donde la palabra aún es sensación, donde el mito aún es memoria viva, donde lo que heredamos y lo que somos conversan sin separarse del todo.
Desde este lugar, nombrar es sanar. Y sanar es reparar el wyrd. Es devolver al tejido colectivo nuestra hebra reparada. Un hilo que estaba roto, una voz que estaba perdida, una forma de nombrar la vida que el mundo necesita y que solo nosotrxs podemos honrar, expresar y traer a la vida.
