El Altar de la palabra

Oralidad es el espíritu vivo del relato, el alma de la historia que quiere ser contada. Es un territorio en el cuerpo, un lugar desde donde la expresión se libera y la palabra habita en forma de narrativa y mito. No es sólo voz, es historia en movimiento y vida alineadas con su propio relato eterno. Contar desde nuestro propio punto de vista es un acto de soberanía creativa, donde la palabra subjetiva y encarnada se convierte en medicina biográfica.

Anoche encendí un fuego y hoy cosecho agua. Sentí el movimiento en la base de mi copa, en la cuna de mis ofrendas; y hoy mis aguas me traen de vuelta a la casa de la escritura, al único lugar en el que encuentro remanso, en esta palabra viva que se escapa de mi mirada y se libera del rumbo que le adjudico.
Descolonizar es una palabra que merece cuido en su uso. Requiere un golpe de realidad. ¿Es posible la soberanía?, ¿podemos realmente aspirar a un proceso de descolonización del Yo, del tiempo, de lo femenino, de lo masculino?, ¿descolonizarnos de la mente patriarcal, de la ley moral que gobierna nuestros cuerpos y destinos, de hombres y mujeres?, ¿podemos descolonizar el futuro para que las próximas generaciones puedan vivir y sentir la belleza que hemos heredado?, ¿puede Puerto Rico aspirar a un proceso de descolonización?, ¿puede la Tierra ser liberada de lo que sea que la mantiene esclava de intereses que atentan contra el futuro de la humanidad? Me nombro mujer en proceso de descolonización. Lo hago porque me siento parte de la historia de la isla de Borikén, llamada Puerto Rico, Perla del Caribe, Isla del Encanto. Tierra orilla de riquezas, de tanta abundancia, siendo tan pequeña. Es un tesoro, realmente. Como lo es su gente. Es una tierra ocupada por el valor que tiene. Tiene bases militares, radares de la Nasa, ha sido campo de experimentación militar, químico, social, medioambiental, económico y psicológico. Es un lugar complejo, peculiar, dejado a su suerte, a merced de especulaciones buitres. Es un campo de guerra en el cual se ama, se danza, se resiste. No puedo escribir, si no me sitúo en este lugar, en esta voz.
Hasta que no desciendas, hasta que no habites las profundidades de tu cuerpo, hasta la memoria de tus huesos. Hasta que no llegues al reino de la madre oscura, la primigenia. Hasta que no te encuentres con tu sombra. Hasta que no comas, sentada en la mesa con tus demonios, nada de lo que consumas, ingieras, devores, extraigas, nada de lo que chupes, te saciará. Y seguirás siendo una devoradora de conocimiento, subiéndolo toda la cabeza, a la cabeza que te marea. Porque en tu cuerpo todavía no sostienes la verdad de las cosas, la verdad de tu palabra, la verdad de tu síntesis, de tu digestión.
He escrito, he publicado, he creado talleres, he compartido recorridos grupales, he trabajado de 1:1; me he hecho de secretaria a mí misma, de asistente, de diseñadora y web máster; he abierto la puerta de mis cursos y talleres a mis amistades; he promocionado el trabajo de artistas, colegas de astrología, arteterapia en mis grupos. He experimentado. He probado. He cambiado de ideas. Me he abierto a una nueva manera de entender el caos creativo. He esperado estar segura de lo que quiero. He parado. He soltado. He sabido esperar y me lo agradezco. Vivo de mi arte, de mi palabra, de mis recursos. Vivo de mí misma, de lo aprendido, de lo vivido en mi alma y cuerpo, y de lo cultivado con mis prácticas y estudios. Mi trabajo es mi servicio. Mi servicio es mi negocio y mi negocio es una expresión y extensión de mi alma. Es mi negocio e intento llevarlo con la mayor integridad posible, en mis propios términos. Ésta es la escuela.
Intento cultivar un negocio sosteniblemente basado en la ética que sigue los ritmos de la naturaleza. Comparto sabiduría sobre la mitología y práctica cíclica en su relación con la intuición, la alquimia emocional y la curación somática. Acompaño a personas a que integren estas prácticas en los fundamentos de su servicio para que lo nutran y se extienda hacia la curación para el colectivo.
la desnudez de tu palabra y de la mía en la incomodidad de la conversación ser testigos de la maravilla de nuestra sinceridad entretejida crea mundos nuevos
De las cuevas profundas del cuerpo interno, nos asaltan memorias pasadas y pesadas, energía somática que se libera y, ahí en ese vacío que nos desconcierta, brota vida nueva. Es un susurro y todavía hay mucho que mover para que podamos sentirnos seguras y seguros sosteniendo esta nueva narrativa emergente en nuestro cuerpo, nuestras relaciones y creaciones. Viene de adentro. Puede haber miedo. También confusión.
Estamos siendo testigos de un colapso humanitario. Está pasando y lo sentimos en el cuerpo, aunque no nos demos cuenta. Está pasando. Pero mis células, tus células, también escuchan otra canción. Piden que nos sublevemos, que nos neguemos al robo de nuestra vitalidad, que nos ofrendemos a la corriente vitalista verde regenerativa de la vida, que nos bañemos en tierra, en pertenencia a un cuerpo orgánico, animal, vegetal, mineral, poblado de mitos, memorias, historias, ancestros y ancestras, paisajes, amores, tantas vidas que nos habitan y que piden ser cuidadas, honradas, atendidas.
Necesitamos espacios en los cuales practicar el arte de intimar sin devorarnos, sin dejarnos devorar por los moldes, las modas y los filtros; o a las ceremonias de socialización en las que nuestras armaduras no permiten el brote fértil de una verdad interna que pide ser compartida. Espacios en los que seamos capaces de crear contenedores para el cuerpo y la palabra, espacios libres de agendas ocultas, libres de toda intencionalidad que no sea la de servir a la liberación de la intimidad, ánima de todo vínculo. Una intimidad consentida, es decir, que no profana, no viola límites, no proyecta expectativas, no ensaña con la mirada de un juicio que encubre otras sombras.
Esto es el marketing de hoy. Copia y pega para construir una identidad de pantalla, para alimentar la vitrina, para llamar clientes, para vender. Llevo algunos años sirviendo al camino de Venus –esa estrella de la armonía que nos levanta en integridad creativa, que nos alinea con el código de la fuente creativa– y con seguridad puedo nombrar que estas estrategias de marketing son la estrella de Venus boca abajo. Es la estrella invertida.
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