Mujer Ofrenda (4)

En ciclos como éste encuentro refugio y calma en el retiro y el silencio. Es difícil sostener esta necesidad y cuidarla. Todo llama a la conexión. Con tanta influencia tecnológica mediando sobre la velocidad de los afectos, me encuentro cada vez más alejada de la llamada a la conexión. No me siento aislada ni desconectada de mis afectos, al contrario, los cultivo como puedo, sin exigencia y hasta donde llego. Intento cultivar vínculos en los que el uso del Wassap es consensuado y acordado. No puedo ni quiero sostener este nivel tan alto de conección virtual. Espero ser entendida en esta necesidad y a la vez el mundo se mueve tan rápido. ¿Quién me escucha?

Lo que me funciona es cultivar vínculos de proximidad. Es decir, dedicar mi tiempo a relaciones de cercanía física, y menos energía en relaciones y vínculos de distancia. Y los que sí son a distancia, que entonces sean consensuados y acordados. Es muy difícil cuando tus afectos están en distintas partes del mundo y en distintas franjas horarias. Mi sistema nervioso no puede sostener tanto estímulo, se siente fragmentado. Me gusta ir lento. Mi necesidad de tiempo y distancia se puede interpretar de tantas maneras, no todo el mundo me sigue, ni sabe lo que está pasando en mi vida. Tal vez no estoy para conexiones superficiales, tal vez necesito tejido profundo, colaboración inspirada y sentida desde una coregulación consciente. Caminamos un rezo, nos conecta el Sol, la Tierra y las Estrellas, lo sabemos. En el silencio nos escuchamos.

Me muevo entre Puerto Rico y Cataluña y tengo claro cómo cambian los canales energéticos vinculares con la distancia. Por más tecnología que tengamos, nada sustituye compartir la misma franja horaria, y compartir en persona. Prefiero pocos encuentros de calidad a estar todo el tiempo conectando a través de medios y pantallas. Estos medios son maravillosos como herramientas y cada cual elije cómo los usa. Yo elijo ponerles límites.

Lo que me nace compartir aquí es que estamos ya en diciembre y yo todavía estoy con mi cuerpo atravesado por la experiencia del paso del huracán Fiona en Puerto Rico el pasado septiembre. Estoy metabolizando todavía lo vivido durante las semanas siguientes. No estoy atravesada por el huracán, ni por lo daños que pueda haber causado, sino que estoy atravesada por lo que reveló, movilizó, sacudió a niveles muy profundos personales y colectivos. Para mí hubo una claridad de digestión lenta, es decir, que es mucha información y necesita su tiempo para madurar e integrarse. Y mientras en el micro universo de la isla vivimos esta realidad precaria y compleja, el mundo global no deja de moverse. Estoy aprendiendo a manejar esta frontera de realidades de alto contraste que me atraviesan donde más amo y duele también.

Mi proceso de regulación somática pide que cultive mi tiempo de descando y retiro, es parte de mi práctica. También lo es el cultivo vincular. Sin embargo, la realidad es que desde el paso del huracán he tenido que retraer mi energía de la relaciones a distancias ya que la coregulación vincular necesita mucha más energía y tiempo. Y siento que esta llamada al silencio y al cultivo de lo íntimo y próximo hace parte de mi movimiento somático para este tiempo, de mi movimiento auténtico.

Mujer Ofrenda es la voz de este silencio. En vez de  hacerlo sola, he abierto grupo, pero no para hacer grupo, sino para ofrendar un espacio para el cultivo sentido del ser. En un mundo cada vez más depredador de nuestra atención y energía, hacer la pausa cíclica para interrogar con sinceridad : ¿qué vengo a ofrendar a este mundo, en este tiempo? y ¿desde dónde lo hago, qué me mueve, qué ofrendo y a qué altares me ofrendo?

Nombro y comparto esto porque en esta cultura de la sobreconexión nos vamos olvidando del tiempo propio. Del tiempo en singular.

¿Cómo sabes quién eres si no cultivas una relación plena contigo?¿Cómo te encuentras contigo si no haces tiempo para estar a solas? ¿Cómo te conectas contigo si no estás contigo?


Hay un misterio que se revela en la soledad y el silencio profundo. Hay un camino que se abre cuando paramos, sacamos tiempo propio y nos cultivamos. Cultivar el ser siendo y sintiéndonos ser.

Es desde mi propia práctica en el cultivo de mi ser sentido que ha nacido Mujer Ofrenda.

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  • by Paloma Todd Montes

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