Conjuro de abuela

De nuestro inconsciente brotan semillas autónomas, semillas silvestres. Deseos profundos del alma que todavía no han pasado por nuestra conciencia, presencia y palabra, que han tomado otros caminos, que responden a otra gnosis. Deseos soberanos que de alguna manera vienen codificados por fuerzas que nos preceden.

¿Nos ha pasado que la realidad -interna o externa- nos sorprenda? ¿Y es sólo en el habitar esta realidad –en el presente– que nos damos cuenta de que es lo que siempre soñamos, y no los sabíamos?

¿Nos hemos despertado en un sueño que nos revela el milagro de nuestra fuerza deseante libre y soberana?
 

Hablo de una fuerza in-subordinable, autónoma y creativa.

Esta chispa libertaria que nos habita es el rezo de una abuela lejana que con fuerza telúrica levantó su fuego creativo encarnado en su palabra, en nuestro nombre. En nuestro nombre, porque sabía –hace miles de años ya– de nuestra existencia. No sabemos en qué tiempo lo hizo, pero lo hizo. Levantó un rezo por las futuras generaciones, las que estamos aquí ahora, en este tiempo. Levantó una palabra alineada con su corazón y el corazón de la Tierra, y abrió una grieta en la espiral del tiempo. Así de grande es la sabiduría atemporal de esta fuerza. Así de fuerte su libertad creadora de realidades, su soberanía en nuestro ADN.
 
Cuando hablamos del poder que tienen los eclipses de cambiar el curso de nuestra narrativa, de desviarnos de las líneas de tiempo que hemos construido, de lo que hablamos es de la activación de estas intenciones latentes que nos habitan en los pliegues de nuestro soma, es decir en los rincones ocultos de nuestro cuerpo. En esta plegaria antigua está contenida una intención impoluta e incorruptible, una codificación que responde a la pureza de los inicios, a la integridad de quienes oraron por nosotros y nosotras en plena consagración encarnada entre cielo y tierra. En otro tiempo, bajo coordenadas humanitarias muy diferentes a las que habitamos, sin embargo, bajo las mismas coordenadas entre cielo y tierra. Ésta es la sabiduría del tiempo cíclico. Ésta es la gnosis del tiempo en femenino. Los tiempos de la Tierra.
 
Esta conciencia hecha plegaria es primero una invitación a recibir la ofrenda de nuestra ancestra. Ella, con su voz y su corazón, fue/es la codificadora del conjuro que sobrevivió capas de condicionamiento y colonización.

Que esperó este momento –este presente-– para eclosionar, para ver la luz. Sin miedo a exagerar, doy testimonio de que hay deseos*semillas que laten vivas en nuestro inconsciente a la espera de que esta invitación sea aceptada. Es decir, cuando el sí de nuestra abuela, se alinea con nuestro sí presente, cuando se teje esa unión en un deseo que nace del cuerpo y habita las capas subterráneas de nuestro corazón. Estas semillas*deseos latentes son la resonancia de las antiguas plegarias y conjuros, voces ancianas olvidadas que siguieron tejiendo(se) en el fondo del misterio. Este deseo de nuestras abuelas siempre ha estado en sincronía con el tiempo del amor, con el tiempo cíclico. Esto, más allá de su presencia o consciencia, más allá de la nuestra. Es un deseo que está en resonancia con el corazón de la Tierra. Y la Tierra –Ella– sí recuerda.

Ella sí reconoce la resonancia y la coherencia de nuestra voz y palabra alineada con el deseo y la vida. Con la memoria del deseo de la vida. Por eso, cuando ciclamos, lo que hacemos es abrir la espiral de los deseos que nos esperan, los deseos que piden nuestra coherencia para despertar y llegar a esta realidad, a este tiempo, para seguir sosteniendo la memoria de la vida. Éste es el fuego que Beltane que nos invita a honrar: el fuego de la memoria que nos habita. Una memoria que nos libera, una memoria que nos cura. Una memoria que ofrendamos a las futuras generaciones, para que, en su día, en su tiempo, reciban nuestras bendiciones.
 
Estas abuelas del tejido profundo, estas guardianas de la memoria más íntima de nuestra alma somática, Ellas, están aquí, hoy. Están vivas e inmaculadas en la eclosión de su deseo (que es el nuestro) en cada una de nosotras, de nosotros. Un deseo de soberanía. Lo que sea que se esté moviendo en nuestra vida –hoy, ahora– tiene que ver con este deseo del corazón de la Madre Tierra y su memoria reverberando en todos los rezos de nuestro linaje. Todas las voces que han nombrado la soberanía, la libertad y la creatividad para este tiempo, para las futuras generaciones, que somos quienes hoy estamos recibiendo esta bendición. No importa la escenificación que tome nuestra rueda cíclica, no importa qué constelaciones vinculares, qué crisis económica, qué separaciones y cierres se presenten, el latido de fondo, lo que nos une en plegaria compartida, es alinearnos con esta memoria somática. Memoria que –desde el fondo de nuestros huesos, desde las aguas de nuestra profundidad– despierta. Se despierta. Nos despierta.
 
La voz de este despertar y la voz de esta plegaria nos hablan de una comprensión profunda de la necesidad vital –y del deseo de cumplir con esta necesidad vital– de sentirnos en satisfacción e integridad. Estas dos palabras, satisfacción e integridad, son la misma.

Nos hablan de una oportunidad de curación de una herida ancestral vinculada a la desvalorización de nuestro permiso al placer profundo, como vivencia mística y como experiencia corporal. Hay todo un cuerpo ocupado, un cuerpo de censura, abuso y trauma vinculado a nuestra ignorancia con relación a nuestro poder somático sexual. La Luna llena en Escorpio revela la herida a nuestra soberanía energética, la herida a nuestra capacidad de sostener el cuerpo somático del gozo en un cuerpo intervenido y condicionado.

Se rompe el hechizo. Ésta es la oportunidad que nos ofrenda este momento. Porque la plegaria que heredamos –hecha en nuestro nombre– es la de experimentarnos en soberanía e integridad en nuestro cuerpo. Es tomar la vida, honrar la vida en el gozo que sentimos a través de nuestra experiencia encarnada. Éste es el salto consciente que estamos llamados y llamadas a dar.

Nuestra inocencia erótica precede el conjuro de abuso y desvalorización que nos ha condicionado a negarnos esta sabiduría. Nos tuvimos de desdoblar, separarnos en dos, salirnos del reino de la Madre, que es nuestro cuerpo, salir del territorio ocupado por el dolor y la negación, para sobrevivir. Nos disociamos. Pero ahora estamos conectando con la narrativa del retorno. Nuestro cuerpo nos da la bienvenida de nuevo. El deseo abre las puertas y aflojamos la resistencia. No hay más tiempo para la frustración instalada en nuestra aceptación, para el auto abuso. Nuestro deseo es abrir vías para la satisfacción. La satisfacción de habitar y honrar la gnosis de nuestro cuerpo. Para esto necesitamos reconocer que el placer es una memoria viva que nos espera, nos habita y nos crea.

Nuestra creatividad es su voz.
 
Así que primero recibimos la ofrenda. Aceptamos que nuestra visión sea interrumpida por este deseo ancestral que nos recuerda que somos avatares del gozo, que lo que sea que se está despertando en nuestro cuerpo, ahora, está libre de pecado. Ha sobrevivido la memoria intacta de nuestra soberanía energética, es decir, nuestro eros, nuestro placer innato, nuestro reconocimiento somático de nuestra pertenencia al Reino de la Vida, al Reino de la Tierra. Esto es lo que queremos atender, aquí y ahora:

la satisfacción somática de encarnar el gozo de nuestro cuerpo.

El placer de habitarnos. Lo demás es una distracción. Es una mentalidad. Un cuerpo mental que, disociado del cuerpo, separado de la sabiduría somática de nuestros tejidos y nuestras aguas más profundas, conecta con visiones, deseos y sueños disociados de la realidad energética de nuestro cuerpo, es decir de lo que somos y estamos en capacidad real de sostener.
 

Nuevas coordenadas creativas para nuestra vida. Creativas y curativas. Van de la mano. Nos habla de abrir nuevas coordenadas creativas. Estén éstas aplicadas a la creatividad artística, o simplemente a nuestra libertad creativa al servicio de nuestros vínculos, de nuestro trabajo y servicio, de nuestra comunodad y familia, de nuestra economía. Una mente creativa al servicio de nuestra vida. Una mente creativa en conexión con nuestro corazón, y un corazón encarnado. El corazón como el encuentro de la diversidad de voces que nos habitan.
 
Ésta es la bisagra que une creación y curación en un solo movimiento, en una sola intención. Porque para caminar la visión creativa que queremos sostener necesitamos entrar en contacto con nuestra territorialidad energética, con el poder de nuestro campo y su función y lugar a la hora de desear un cambio, y poder materializarlo. Aquí está la bisagra y también la herida. Es en la separación de la mente y el corazón que se abre la grieta, el abismo, entre lo que queremos crear y lo que realmente logramos materializar.

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