La espiral es un camino de aprendizaje eterno. La danza del cosmos nos incluye.
La espiral nos habla de la ciclicidad como una práctica vital para cultivar una relación con la sabiduría del tiempo. Es gracias a nuestro ciclar consciente por la rueda de las muertes y renacimientos del Sol y la Tierra, y a través de la ciclicidad de sus compostas regenerativas, que nutrimos y sostenemos la direccionalidad de nuestro destino.
Nuestra participación en esta danza se da cuando ocupamos nuestro lugar en la espiral del tiempo eterno, cuando encontramos su/nuestro centro. La espiral nos sostiene en el giro del destino, en la eterna constante del cambio.
La Rueda del Zodiaco es una espiral narrativa. Es como una biblioteca multidimensional en la que los mitos, símbolos, oráculos, dioses y diosas, elementales, los planetas, las plantas, los minerales, el reino animal, las eras, las medicinas, los remedios, las lecciones, las alianzas convergen. Nuestra mitología biográfica y celular está entretejida en este tapiz que trasciende las narrativas del tiempo lineal.
La Rueda del Zodiaco no es la Verdad. Es una herramienta, un lenguaje, un eslabón, un dispositivo temporal a través del cual la memoria de nuestros ancestros y nuestras ancestras se presentan para acompañar nuestro espíritu en su evolución en la Tierra. La Rueda del Zodiaco es una de las puertas, escuelas, caminos con los que nos podemos acercar al Misterio y hacernos discípulos de la Espiral. Es decir, reconocernos aprendices de la sabiduría antigua que despertamos cuando navegamos la Rueda del Zodiaco con una intención de curación.
Ciclar se hace práctica y herramienta imprescindible para encontrar nuestro centro –voz, intención, propósito y deseo– dentro de las narrativas del tiempo lineal. Narrativas lineales que dirigen y gobiernan nuestras sociedades modernas basadas en calendarios creados para una productividad disociada de la Tierra, por lo tanto, de nuestro cuerpo. Tiempos artificiales que nos dividen a través de deseos conflictivos que nos confunden y/o paralizan. Sin una relación íntima con el tiempo orgánico de la Tierra –sus ciclos con el Sol, la Luna y las estrellas– nos perdemos en las narrativas del tiempo lineal. Nos olvidamos de quienes somos.
A diferencia del tiempo circular, el tiempo lineal no sigue la danza de la Tierra y el cosmos. Sigue una agenda diferente. Una agenda orientada al olvido de nuestra sabiduría afectiva y de nuestro poder creador.
El movimiento del cosmos es una danza de espirales impecablemente sincronizadas entre sí. Desde hace milenios los ciclos y patrones temporales del cielo y la Tierra nos acompañan en nuestra evolución humana en la Tierra. De ahí que la espiral sea también arquetipo y símbolo del tiempo, la memoria y el recuerdo.
Recordar es una vuelta más por donde ha pasado el corazón. El olvido se potencia cuando seguimos las narrativas del tiempo lineal, las que nos empujan hacia adelante, las que nos segregan y disocian de lo vivido.
Es también la sabiduría de nuestro cuerpo la que revela el guion –el libro– de esta conciencia cíclica.
La propuesta esencial de Soberanía Creativa es honrar y sincronizarnos con prácticas de ciclicidad consciente como camino de autonomía.
