Inframundo de Venus

Honro este momento sagrado de mi vida en el que acompaño a mi madre en su demencia. Tiempo en el que nos acompañamos mutuamente en nuestro duelo de darnos cuenta de que las decisiones que ella tomó en su vida, las que fueran, no han permitido que llegara a culminar su ciclo de vida en total presencia.

Es mucha la belleza que compartimos, y es mucha la bendición de este tránsito tan especial que he decidido asumir al acompañarla. Pero también viene con unas condiciones con las cuales he tenido muchísima dificultad de lidiar en los pasados tres años en los que he elegido apoyarla. Condiciones y dificultades que tienen que ver con mis vínculos y con los órdenes sociales de la modernidad y de la cultura. He decidido nombrar y poner mi voz en este lugar.

Desde la profundidad de las aguas liberadoras del inframundo de Venus, desde la oscuridad de esta Luna: nombro a la madre.

En la escuela de la Gran Madre nombro la madre biológica, la madre alquímica y la madre mística.

Esa dragona elemental que puede devorar a sus hijos o darle alas para que lleguen al Sol.

Madre que atrapa o madre que libera.

Desde este lugar es que me comparto y desde este lugar es que nombro.
 
Nombro desde el día a día, y desde el bálsamo de mis lágrimas entregadas a ese duelo constante de verla desaparecer ante mis ojos. Las lágrimas benditas que agradecen la lucidez del espíritu y del corazón abierto que compartimos, mi madre y yo. Aunque su mente no está presente, su corazón y su memoria, lo están. Como dice, a quien considero mi mentor en el espíritu, Malidoma Somé, una persona en duelo es un altar. Es un altar para la tribu. Es precisamente aquí que la modernidad y el colonialismo han intervenido en este eslabón, en esta relación. La demencia de mi madre es el altar de su duelo, de lo que duele tanto que olvidarlo es su estrategia para vivir. Y mi duelo también es un altar.
 
No pido ser un altar devocional, pero sí me pido ocupar mi lugar, como devota del agua, y como trabajadora de los misterios del duelo. Soy custodia y soy guardiana, lo reconozco, lo honro. Es por eso por lo que este inframundo de Venus –en esta madurez, en esta ciclicidad sostenida, y en este entendimiento de lo que es bueno para mí y de cuáles son mis patrones de descuido o de desvalorización– nuevos límites emergen y me interpelan a nombrarme.
 
Hay vínculos que, en estos momentos de mi vida, no son sostenibles. No son sostenibles porque son vínculos que piden que salga a la superficie y participe de un escenario social, y de un intercambio en la palabra y en la energía, que responde a unas coordenadas que están desarmonizadas con el momento que yo vivo.
 
Las personas que me pueden acompañar en el día a día de mi humanidad, ese círculo íntimo de personas que me siento bendecida de tener, y con el cual puedo contar, son aquellas que no exigen que salga del lugar en el que estoy, que no están esperando fuera a que –lo que sea que me esté pasando– termine para seguir con el juego de la vida. No. Las que me acompañan saben que este es el juego de la vida y que en el corazón de la vida está el duelo.

Me ha costado darme cuenta, discernir y nombrar, que para caminar conmigo– en estos momentos de mi vida, en reciprocidad y en equilibrio- no se trata de salir al mundo que me proponen sino de poder compartir desde el mundo que habito. Son coordenadas difíciles. No todo el mundo está en la disposición de habitar este lugar, aquí, conmigo. No estoy hablando de que el foco y la atención esté puesto en mí, ni en mi historia, no se trata de mí, se trata del lugar que habito. Es energético y es sutil.
 
Estoy hablando de algo más sutil. Estoy hablando de que no hay una verdadera reciprocidad en el intercambio de energía. Y que cuando yo estoy en el inframundo y salgo a la superficie a estar contigo yo estoy llena de medicina. Llena de medicina porque vivo en la magia liminar del duelo. Y aunque tú no quieras entrar a mi espacio, aunque yo salga de mi espacio para cuidar nuestro vínculo en la superficie que tú me propones, tú recibes la medicina de mi liminalidad. La recibes desde lo invisible, desde lo no nombrado y, mientras compartimos dentro de los rituales establecidos del vínculo, yo no me siento íntegra. Por eso elijo nombrarlo hoy. Venus es la maestra de la integridad.
 
Éste es un nuevo límite que emerge. No podemos intimar, no podemos hablar de intimidad afectiva o vincular, si no estamos tejiendo profundo en el inframundo juntos. Eso es lo que me enseña Venus. ¿Y qué es tejer juntos profundo en el inframundo? Pues para eso tenemos que caminarlo, sentirlo, compartirlo, y es algo muy sutil y somático que se siente en el ese espacio liminar compartido. Un respeto y una conciencia de que estamos en el margen de lo que hemos aprendido sobre lo social.
 
Entonces lo que intento nombrar aquí –y no está siendo fácil, se siente crudo, vulnerable y arriesgado– es la intención de traer ese invisible a lo visible. Traer eso que está adentro –y abajo– en mí, que hábito y que cuido. Traer esa verdad y esa conciencia a la superficie para invitarte a que la habites conmigo. Y sobre todo para invitarme a no traicionarme en el intento de cuidar o sostener mi relación contigo. De no traicionarme participando de una manera de manejar la energía, el tiempo compartido y la palabra, que me lleva a la memoria traumática de la disociación en vez de la integración.
 
Así que este es un filtro de percepción somática anclada en mi verdad, y en mi integridad, en la que el nuevo límite que emerge me está pidiendo una renegociación de determinados vínculos. Y de la palabra como puente mediador, tejedora entre estas dos realidades que parecen estar en conflicto, pero que realmente esperan reunirse. Eso implica reconocerme como puente e implica cambiar mi manera de compartir, implica sinceridad y claridad. También implica reconocer los espacios donde esa palabra –y ese lugar desde el cual comunico– puede que no sea bienvenida. Quiero reconocer que, tal vez, hay personas en mi vida que no están dispuestas a recibir esta palabra, y ponerme eso en la tesitura de elegir un adiós o un hasta luego.
 
Esto que nombro parece muy personal, pero realmente siento que pertenece a un orden transpersonal y colectivo, no lo compartiría en este espacio si no sintiera que esto puede ser pertinente para ti. Porque estamos hablando de modalidades de socialización que hemos heredado de la familia, de la cultura, de la escuela, de las instituciones, que están atravesadas por mitos patriarcales, en donde hay un determinismo vincular y en el que a veces confundimos el respeto y la amabilidad con la complacencia, con la sobre adaptación y –sobre todo– algo que he reconocido en mi vida como muy dañino y que quiero curar y corregir. Me refiero a ese silencio que guardamos ante lo que no nos gusta con tal de que el vínculo perdure o de que la conexión no sufra.
 
Sumamos a esto que estas modalidades de vinculación social no reconocen el duelo, o la muerte o la liminalidad o la vulnerabilidad de los y las duelantes como altares vivos de la comunidad. Que merecen respeto. Pero no en beneficio de las personas que duelan, sino en beneficio de la comunidad. Porque si honramos el duelo, entonces podemos recibir su medicina.

Una persona duelante sin una comunidad que valide su duelo está en peligro. Es muy vulnerable. Esta lección la he aprendido a mucho costo. De ahí el cuidado de quien entra en mi espacio íntimo y con qué cuidado o atención lo hace. Tampoco podría sentir la seguridad de estas palabras que comparto hoy si no fuese por la experiencia cotidiana de sostener y ser sostenida recíprocamente en vínculos cuya profundidad cohabita con la superficie.
 
Ahora, la tecnología -y las plataformas sociales- por momentos puede ser disruptiva, invasiva incluso dañina. Me ha sorprendido lo costoso que es poner límite a la energía que circula por esos medios. Es ahí donde, en estos pasados años, he encontrado la mayor dificultad en poner límites y en discernir. Un lugar en el que me desgasto. Por que una cosa es poner el límite y otra es sostenerlo. Y hay algo para mí profundamente disruptivo en esta forma de comunicarnos hoy día que me lleva a elegir posicionarme y sostener la frontera con ferocidad.
 
Así que primero quiero aclarar que la mayoría de mis vínculos se da dentro de un orden y de un respeto. Por otro lado, no estoy hablando desde la frustración. Estoy hablando desde un lugar de curación, y también porque es un lugar político. Hay agendas del mercado, del control de lo íntimo y vincular, que median en estas formas de comunicar.
 
Estoy hablando de mi soberanía. De mi propia soberanía a la hora de cómo quiero vivir mi experiencia con mi madre, con mi familia, con mi propia vida; y lo que implica con relación a mi energía, mi cuido, mi calendario, mis horarios, mis necesidades. Deseo poder sostener vínculos íntimos que puedan honrar esta memoria conmigo. Que no se les olvide que mi realidad es ésta. Que no puedo estar en otras partes, que no dispongo de todo el tiempo, ni de toda la energía, ni de la disponibilidad. Que este posicionamiento no es para nada una negación del valor, ni de la persona, ni del vínculo. Es un límite que opera a mi favor.

  • Altares
  • Últimas Entradas
  • Soberanía Creativa 2025 ©

  • licensed under CC BY-NC-ND 4.0

  • by Paloma Todd Montes

  • El altar de la palabra

    Oralidad

    El altar del tiempo

    Pertenencia

     El altar de la curación

    Misterio

    El altar de la palabra

    Oralidad

    El altar del tiempo

    Pertenencia

     El altar de la curación

    Misterio

    El altar de la palabra

    Oralidad

    El altar del tiempo

    Pertenencia

     El altar de la curación

    Misterio

    El altar de la palabra

    Oralidad

    El altar del tiempo

    Pertenencia

     El altar de la curación

    Misterio

    error: Contenido protegido
    Newsletter CTA

    Únete a la Soberanía

    Entrar para participar. Es la única vía para estar al día.
    Si quieres estar al tanto de mis ofrendas y mis publicaciones, únete a la Newsletter de Soberanía Creativa. En intimidad tejemos profundo.

    Al hacer clic en Suscribirme, confirma que estás de acuerdo con nuestros Términos y condiciones.

    Únete a la Soberanía

    Entrar para participar. Es la única vía para estar al día.
    Si quieres estar al tanto de mis ofrendas y mis publicaciones, únete a la Newsletter de Soberanía Creativa. En intimidad tejemos profundo.

    Al hacer clic en Suscribirme, confirma que está de acuerdo con nuestros Términos y condiciones.

    Únete a la Soberanía

    Entrar para participar. Es la única vía para estar al día. Si quieres estar al tanto de mis ofrendas y mis publicaciones, únete a la Newsletter de Soberanía Creativa. En intimidad tejemos profundo.

    Al hacer clic en Suscribirme, confirma que está de acuerdo con nuestros Términos y condiciones.