Este 29 de julio la Luna llena ilumina el eje Leo*Acuario. El Sol hace una conjunción exacta con Júpiter en Leo, mientras que la Luna está a dos grados de Plutón en Acuario. Urano y Marte recorren Géminis. El Nodo Norte de la Luna acaba de entrar en Acuario y el Nodo Sur en Leo. En estos momentos predominan el aire y el fuego. Hay muy poca agua.
Mercurio, ya directo en Cáncer, sostiene la voz y la memoria del agua.
Esta Luna llena marca un cambio de atmósfera. La realidad se acelera. Las ideas circulan con rapidez. Los acontecimientos se propagan como el fuego. Nuestras emociones buscan refugio, arraigo, lugares seguros donde descansar. El fuego busca expandirse. El aire lo alimenta. Este es un tiempo de enorme potencial creativo y, a la misma vez, de una volatilidad desmesurada.
Lo vemos en nuestros territorios. Los incendios que arrasan distintos lugares del planeta también nos hablan del clima simbólico que vivimos. La naturaleza expresa la voz del verdadero tiempo. Espejo generoso de lo que nos habita y no reconocemos. El paisaje exterior resuena con nuestro paisaje interior. Como es adentro es afuera. Es una conversación permanente.
Leo representa el fuego del corazón. La capacidad de crear, irradiar y ocupar un lugar en el mundo. Júpiter amplifica esta potencia. Todo parece invitarnos a expresarnos, a mostrar nuestros dones y a confiar en lo que somos capaces de ofrecer.
Ante este impulso está Acuario. ¿Qué tipo de comunidad contruímos? Nuestra creatividad participa en la construcción del tejido colectivo. Nuestra expresión personal es una parte de ese movimiento.
Plutón, junto a la Luna, intensifica este deseo. Lo que se sostiene únicamente sobre el prestigio, la imagen pública o el protagonismo pierde relevancia y coherencia. Este tiempo reclama otra vía para ejercer nuestra autoridad. Una autoridad que nace del servicio, de la integridad y de nuestra capacidad de participar del deseo del mundo. Un deseo que no pertenece únicamente al ser humano, sino a toda la familia planetaria. Una autoridad que se expresa desde la participación colectiva, a través de una inteligencia más amplia que la individual.
Aquí la palabra colectiva implica toda la familia planetaria. Todos los reinos. Los elementos, los bosques, los ríos, la lluvia, las nubes, los océanos y los mares, todos los animales y las plantas. Leo representa el rey, el que lidera, el que comanda. Rey del reino animal, rey solar, rey de nuestro corazón. El protagonismo es una vía de participación, de servicio. Tiene una función colectiva.
La entrada de los nodos lunares en el eje Leo*Acuario agudiza esta enseñanza. Durante este nuevo ciclo nodal iremos transformando las maneras heredadas de entender y ejercer nuestro poder y liderazgo. Es tiempo de resignificar nuestra necesidad de ocupar siempre el centro, de buscar el reconocimiento afuera o de necesitar ser protagonistas para abrir paso a otra posibilidad. Se trata de descubrir el lugar único y singular que cada persona ocupa dentro de un organismo vivo mucho más amplio.
El fuego constituye una fuerza indispensable para la vida. Gracias a él cocinamos, transformamos, protegemos y creamos. El verdadero aprendizaje consiste en establecer una relación correcta con él. Se trata de recordar que el fuego es un poder con el que aprendemos a relacionarnos.
Cuando el fuego pierde su relación con el agua, consume lo que pretende iluminar.
Por eso es tan significativo que durante esta Luna llena sea Mercurio el único planeta transitando por un signo de agua. Mercurio en Cáncer nos recuerda que existen otras formas de inteligencia que fortalecen la unión y la relación. La inteligencia que escucha antes de responder. La que recuerda antes de actuar. La que conserva el vínculo con la memoria, con los ancestros, con el cuerpo y con la sensibilidad profunda del alma humana. La voz de la somática profunda. La voz oracular del agua. La capacidad de nombrar lo que verdaderamente sentimos. El poder de la palabra nacida del cuerpo.
En el Himno Homérico a Hermes encontramos una imagen profundamente reveladora. Hermes enciende el fuego. Lo hace frotando la madera del laurel y la del granado. Su fuego nace de la relación entre dos árboles sagrados. Hermes*Mercurio tiene entonces una relación antigua con el fuego. Conoce su origen. Lo respeta y lo honra.
Hay un fuego que nace de la impaciencia, de la conquista y de la desmesura. Un fuego de guerras, de dominación y avaricias. Un fuego que ha perdido su conexión con la tierra, el agua y el orden. El buen fuego pertenece a otro orden. El buen fuego nos enseña a respetar, a escuchar el ritmo de la materia, el tiempo del encuentro y la inteligencia de la Tierra. El buen fuego nos inicia en el arte de la relación.
Tal vez ésta sea la enseñanza oculta de esta Luna llena. Recuperar la voz del agua que nutre el buen fuego. Usar nuestra voz sentida para invocar, rezar y cantar el retorno de la memoria, para apaciguar la desmesura humana que ha causado tanto caos y tanta pérdida. Que la sigue causando.
La voz del agua en forma de escucha. Una relación con el agua que se traduce en cuidado, memoria y continuidad. El agua de la comunidad, de la familia planetaria. El agua en el centro de nuestra voz y de nuestro relato. El liderazgo del agua. El agua como corazón del fuego.
Este tiempo nos invita a cultivar este fuego creador. Este fuego consciente y fecundo. Un fuego que fortalece la vida, inspira el oficio, protege el territorio y nutre los vínculos.
Cada palabra, cada gesto, cada decisión alimenta un fuego.
La pregunta es cuál elegimos cuidar.
¿Un fuego que fortalece nuestra propia imagen?
¿O un fuego que ilumina el camino compartido y nutre a toda la comunidad?
