La Luna negra de Samhain es un momento en el ciclo solar y lunar correspondiente al desagüe de las toxinas acumuladas. Este desagüe necesita del poder del no. Hay un no. Es contundente. Ahora necesita destilación. Necesita pasar por un proceso que revele su integridad.
¿Es un no que contiene un sí? ¿Es un no que potencia la vida? ¿Es un no que libera? ¿O es un no fijo, rencoroso, orgulloso e inamovible? ¿Es letal o es vital?
Primero honramos el no. Nombramos los no. No más obediencia a pactos de lealtad consentidos inconscientemente. No más sumisión a patrones transgeneracionales de abuso. No más participación en dinámicas de falta de respeto propio. No más relaciones que nos hagan de espejo de nuestra desvalorización. Ésta es una buena semana para escribir. Para dejar que este no necesario se despliegue.
Esta invitación tiene una intención. Por un lado, que podamos sentir el campo y reconocer la calidad del cambio de la energía, y cómo podemos, explícita o sutilmente, recibir respuestas a nuestras preguntas, guía para nuestras inquietudes.
Aunque la palabra se quede corta, esa noche, el cuerpo registra, administra y después distribuye el mensaje. No tenemos que hacer nada. Se trata de recibir las bendiciones para la semilla. Para el no que abre paso al sí.
Ponemos un poco de alimento en el umbral de los mundos. Compartimos nuestra abundancia con quienes nos precedieron. Y también recibimos.
Esto tiene un valor enorme.
Cultivamos un terreno propio, una pertenencia en integridad que nos da raíz y nos hace menos vulnerables a la manipulación energética y espiritual. Nadie puede cuidar este puente. Es nuestro eslabón. Nuestra conexión. Éste es un recurso necesario para navegar los cambios perceptuales de estos tiempos y palear la confusión y fragmentación mental.
Por otro lado, al alinearnos con esta fecha antigua y este lugar electromagnético, nutrimos un lugar de integridad con relación al tiempo. Otra manera de decirlo es que nos descolonizamos -un poco, cada vez más- del imperativo temporal (y por lo tanto energético) del calendario gregoriano. Cultivamos una relación con el tiempo, con el sentimiento de pertenencia y con la memoria afectiva atemporal. El amor late vivo porque lo nutrimos. Lo cuidamos y atendemos.
Nos invito al repliegue para atender este momento. Cuidemos nuestra energía. No nos dejemos distraer. En este momento, ponemos los dramas y las demandas de lo mundano en pausa para atender la fuente. Ésta sería la esencia y fundamento de nuestra espiritualidad.
En lo personal, comparto que hace parte de mi vocación cuidar y honrar este altar. Me dedico a esto. Atiendo a los muertos. Cuido el camino de nuestra relación con las almas. Me inscribo en esta tradición. Las almas piden ser miradas. Estamos llamados a acoger este sentir. A perderle el miedo a la muerte. A honrar la continuidad del vínculo. Les recordamos. Les cantamos. Nos compartimos. Ocupamos nuestro lugar. Cuidamos el eslabón. Damos la gracias. Cumplimos con nuestra parte.
