Cuando, en el 2010, elegí escribir online y publiqué el blog Luna de Abril, ya tenía experiencia profesional como astróloga. Trabajé unos años para un astrólogo en Estados Unidos, con quien aprendí bien el oficio. No nombro su proyecto porque todavía no puedo contar la historia de mi colaboración con él. Fue una experiencia muy dual. Por un lado, muy agradecida por la escuela que recibí y, por otro, también con serios cuestionamientos vinculados a abusos de poder en su comunidad y cómo se manejaron. Es una línea delicada: la de –por un lado– honrar un maestro, y –por otro– no querer promocionar una empresa y un espacio poco seguro para la gente que me lee.
El último texto que publiqué en la Newsletter de Soberanía Creativa –uno texto personal, íntimo, en el que revelo parte de mi recorrido curativo– fue plagiado.
Una parte fue separada del texto madre y colocada en Instagram. No me sorprendió porque cuando elegí empezar a escribir en primera persona sabía que éste sería unos de los peligros: que hasta la historia propia sería copiable, imitable.
No me siento víctima ni ingenua, simplemente apenada, porque lo que sí me sorprendió fue que la persona que se sirvió de un buen fragmento de mi texto se presenta como arte-terapeuta y acompaña a otras personas en su proceso de cura y creatividad. Ésta es la contradicción, y el enorme ejemplo de disociación a la cual las redes y las campañas de marketing voraz crean y nos llevan a seguir.
Crean perfiles llenos de palabras y términos. Espacios sin raíces, sin conexión a la fuente creativa que van chupando voces ajenas para sobrevivir el imperativo del mercado.
¿Y quién encuentra ayuda en medio de una saturación de propuestas, hechas con memes y todas bajo el mismo esquema y modelo, con las mismas modas y uso del lenguaje?
Me indigna. No por los plagios si no por la maquinaria que nos aleja de nuestra capacidad y confianza creativa de poner nuestra voz, genuina y libre, en ofrenda y servicio al campo. Ése es mi duelo.
Me comuniqué con esta persona para que me contara cómo había llegado a este texto, y su motivación para copiar una parte íntegra del mismo. Su respuesta sí me sorprendió. Me comentó que había sido un error de su equipo, que no volvería a ocurrir. No sé quiénes son los miembros de su equipo, pero al parecer le paga a alguien para que le lleve su cuenta de Instagram con contenidos que sean relevantes para la identidad de su web, y la persona encargada,va buscando por la web citas que resuenen con la marca. ¿Te resuena? ¿Sabes de lo que estoy hablando?
Esto es el marketing de hoy. Copia y pega para construir una identidad de pantalla, para alimentar la vitrina, para llamar clientes, para vender. Llevo algunos años sirviendo al camino de Venus –esa estrella de la armonía que nos levanta en integridad creativa, que nos alinea con el código de la fuente creativa– y con seguridad puedo nombrar que estas estrategias de marketing son la estrella de Venus boca abajo. Es la estrella invertida.
Esta casa de Soberanía Creativa, este rezo que soy yo, va de cuidar la estrella al derecho.
Va de caminar en belleza, con el corazón en el centro.
Va de caminar el tiempo lento de la creación. El que me toma a mí, encarnada en este cuerpo, –letra a letra, palabra a palabra, como tierra húmeda, y como arcilla viva– para construir un texto.
Ésta es mi ofrenda. Mi tiempo creativo. Mi tiempo amor. Tiempo Venus.
