Lo que sea que intente manipular nuestra mente o emoción a favor de una narrativa que nos avergüence o humille por nuestra expresión emocional, o en nuestra necesidad de caminar a nuestro tiempo, de honrar nuestro cuerpo y voz y nuestra intuición, merece un límite.
La intimidad se construye con el tiempo, y no es ideológica, es afectiva. La palabra puede nombrar mundos y llenar vacíos y en nombre del amor podemos a convocar a muchas cosas. La pregunta es ¿cómo salgo del lugar, relación, a la cual he entregado mi tiempo y energía? ¿Cómo se compensa la entrega de esta energía en mi vida? ¿Es una inversión para mi futuro o estoy entregando mis ahorros energéticos a causas e ideales que extraen mi energía y me descompensan?
Estas son preguntas relevantes para estos tiempos.
Este momento tiene que ver con la necesidad de digerir memorias del pasado para actualizar nuestro sistema emocional con el presente. Entramos en un ciclo de mística emocional, que según mi definición, tiene que ver con la comprensión del valor de nuestro sistema emocional como brújula intuitiva y holística, como referente y guía de elección y acción. Son nuestras emociones, nuestras aguas, las que nos conectan con la verdad profunda de lo sentido; son nuestras aliadas.
La mística de la vida sentida, la muerte sentida, la Tierra sentida, el cuerpo sentido.
La mayoría hemos aprendido a mentalizar lo que sentimos, a encubrirlo, a avergonzarnos, a armarnos de protecciones que nos endurecen y, al final, limitan. Ninguna de estas estrategias protectoras heredadas –o aprendidas– nos van a ser útiles en el ciclo en el cual nos iniciamos. Este ciclo es sentido.
Necesitamos esta seguridad interna, este lugar propio desde el cual mirar, discernir, elegir y actuar.
El 2025 es un año en el que la realidad y la ficción se entrelazan y confunden. Es un ciclo evolutivo que nos habla de desarrollar la maestría interna del discernimiento autónomo, de cultivar tiempo y espacio suficiente para integrar la información, sentirla, moverla, escucharla antes de darle nuestro poder.
La rabia reprimida puede presentarse feroz disfrazada de exigencia, auto-ataques pasivo agresivos, sentimientos de agravio a los cual no le podemos poner rostro. Estas emociones viscerales nos confunden, queremos claridad, respuestas, y es precisamente en la aceptación del caos interno que encontramos el punto de partida de un nuevo movimiento.
La vida es movimiento, el estancamiento atenta contra la vida. Muévete.
