Luna llena de Beltane, fiesta de la Tierra y del fuego que reúne a la tribu en gratitud por las semillas que florecen (en el norte) y la cosecha de los frutos (en el sur). Poco importa el hemisferio, las festividades hacen parte de la misma rueda, eterna, que honra los ciclos de la vida, la muerte y la vida. La vida que retorna, la vida que se instala en el corazón de la primavera, en el norte, la vida que se empieza a replegar hacia el Reino de la Noche, en el sur.
Éste es el espejo de la festividad de Samhain, el portal de los ancestros y las ancestras, y toda la cosmovisión implicada en lo que es honrar nuestros linajes de sangre. Nuestros linajes han dejado una memoria en el corazón de la Tierra y en nuestra sangre. Es a través de nuestro corazón que tejemos el puente de conexión y memoria, tanto con quienes nos precedieron como con la Tierra.
Nuestro corazón tiene memoria milenaria.
Cada alma que nos precede y que nos guía desde nuestros genes ha caminado en esta Tierra, ha comido de sus frutos, ha vivido y bebido del agua que nos da la vida; del agua que también somos. Nuestra sangre está hecha de tierra y de tiempo.
Entonces cuando celebramos Beltane, el retorno del Reino del Día -en el norte- también recordamos lo que seis meses atrás nos hablaba desde nuestra sabiduría subterránea cuando entrábamos al Reino de la Noche.
