Mujer Ofrenda es un camino de curación. La curación se da exactamente en el nivel que tú consientas que se dé. Yo seré la narradora del recorrido. La Luna, como tejedora de la narrativa del cielo, creará el cuenco uterino, el alambique en el que nos moveremos por los doce signos del zodiaco. Con mi total conciencia y consentimiento, pongo mi oráculo al servicio de este recorrido, de esta tarea. Ésta es mi ofrenda. La hago con mucha gratitud de haber encontrado este lugar en mí. Mi deseo es compartirlo.
Mi propuesta es que, independientemente de cómo definimos la curación, tenemos que atender la herida de la orfandad. La herida de nuestra orfandad es custodiada en las aguas profundas de nuestro inconsciente por deidades madres muy antiguas, arcanas de la curación femenina. Ellas son las tejedoras de las aguas profundas, custodias de los primeros tejidos de nuestro ADN, nuestra memoria uterina. A ellas apelamos como custodias de las narrativas primigenias. Estados liminales que preceden el verbo. Hay curaciones que sólo se pueden dar mecidas en los brazos del tiempo antiguo. El tiempo necesario para consolarnos de duelos desconocidos. Tiempo que nuestra mente moderna se salta, se precipita en descartar, en no escuchar. Queremos darle voz a ese lugar profundo, la casa de todas las curas, la casa de la vida, la matriz femenina.
La casa de nuestro oráculo que nos espera para que lo podamos elevar en ofrenda.
Mujer Ofrenda va de mujeres, sí, y de hombres bienvenidos a escuchar esta voz, a sumarse a este canto que les precede… porque para conocerte, hombre, tienes que saber de dónde vienes.
Sentémonos a la orilla del agua que nos une, que es la ofrenda que nuestra madre hizo de su cuerpo para darnos la vida.
Es el momento de reconocer y honrar la sabiduría matrística que nos une en la comprensión de lo que implica sostener la biología de nuestra generosidad, de nuestro movimiento vital hacia el dar, el compartir(nos). La belleza del movimiento de dar(nos) es santuario de curación cuando es compartido en reciprocidad y conciencia. Mujer Ofrenda es una propuesta que atiende el don de la generosidad femenina. También va de reconocer las sutiles grietas que hay en lo aprendido con relación a este don.
Somos mujeres de la modernidad. No hemos tenido el apoyo iniciático que nos guiara en el proceso de aprender a manejar nuestra energía dadora. Nos damos como la Tierra se da, como el agua se da, como la madre se da. Es parte de nuestra humanidad y nuestra pertenencia orgánica al reino de la vida.
¿Qué pasa con este don cuando crecemos y nos formamos en una sociedad fragmentada y disociadora, que extrae los recursos de la Tierra en beneficio de una vida artificial?
Nos damos en un mundo que no nos recibe en nuestra totalidad, o que toma parte de lo que le damos, y descarta lo que no le conviene. Es por esto por lo que éste es un camino curativo. La intención es reparar esta distorsión. Este ha sido mi proceso y lo comparto. Si nos ofrendamos es con todo, no a medias. Si nos ofrendamos, es con útero, corazón y mente, en totalidad y plenitud. Si nos ofrendamos, abrimos la casa, nos presentamos, levantamos los velos, mostramos los altares que nos sostienen. Cada vez más, el campo colectivo nos fuerza a disociarnos, a fragmentarnos, a definirnos en términos del mercado, del capital y, sobre todo, del qué dirán. La ofrenda hecha en plenitud no discrimina, se da.
¿Sabemos darnos? ¿Sabemos medir el límite de nuestra generosidad? ¿Hasta dónde sí, hasta dónde no? ¿Hemos reflexionado sobre lo que hemos aprendido sobre la manera de entregarnos al amor, a la pareja, al trabajo, a la colaboración, a la palabra compartida, a la intimidad afectiva y sexual? ¿Cómo hemos aprendido a darnos?
¿Cuánto poder le damos al colectivo y desde qué lugares podemos sostener y cuidar la voz del yo, de nuestra subjetividad, en este ciclo de transformación colectiva?
Es importante reconocer nuestra voz, saber de qué aguas se nutre, en qué tierra se ancla y se sostiene para intentar caminar en integridad. Digo intentar porque no hay pureza posible, incluso si nos aislamos en una montaña, y nos salimos de la red del tiempo lienal, somos parte de lo que existe. Somos parte porque nuestros huesos nos recuerdan nuestra pertenencia a la continuidad del legado de nuestros ancestros. Éste es el momento en el que nos encontramos. ¿Qué ofrendamos a este tiempo, a las futuras generaciones, y cómo lo hacemos en plenitud y gozo?
