Desobedezco para curarme.
En el año 2007, me diagnosticaron cáncer. El cuerpo médico me dijo que si no me radiaba ponía en peligro mi vida. Tenía 38 años. Ante esta sentencia médica, mi certeza radical de no estar enferma actuó de escudo contra este hechizo médico. Una voz interna, desconocida en mí, guio mis pasos en un proceso curativo que sigue siendo una escuela viva en el presente. En ese momento, por primera vez, conecté con mi Soberanía Creativa. (sigue)
No hice radioterapia. Tampoco escapé del diagnóstico. Simplemente pedí que los médicos me convencieran de que si no me radiaba ponía mi vida en peligro. Durante tres meses seguí el protocolo de preguntar y escuchar, buscar diferentes opiniones médicas, de investigar por mi cuenta las alternativas a, como dice Susan Sontag, una guerra preventiva en contra de mis células.
El diagnóstico coincidió con los primeros módulos de mi formación en Terapia de Artes Expresivas Intermodal, marco de aprendizaje de la resignificación de mi narrativa biográfica como eje de mi proceso curativo. Este marco de trabajo me llevó a rescatarme del olvido transgeneracional de mi pertenencia al gozo.
Es gracias a la sabiduría de mi cuerpo, su oralidad viva y las vías de expresión creativa en mí, que aprendí a reescribir la historia de un cáncer transgeneracional y liberarme de su sentencia.
