Saturno en Piscis

En estos próximos tres años Saturno nos ayuda a construir una barca, un contenedor de conciencia, una estructura hecha de nuevos compromisos y prácticas que nos ayude a navegar el misterio que nos habita. Misterio atemporal –sin pasado ni futuro– que se teje en un presente hecho de tres tiempos simultáneos. Algo de lo que se mueve a nivel interno nos confunde. ¿Hacia dónde vamos?, ¿hacia adelante o hacia atrás? Algo de este movimiento y de esta interrogación nos puede llevar a la locura de intentar descifrar racionalmente lo que sólo puede ser sentido, rezado y erotizado fuera del límite y del borde de la razón. Locura que nos salva en la medida en que esté encarnada en un cuerpo que habitamos y honramos, que movemos con la creación. Locura que nos envenena si tratamos de resolver el enigma con la mente, fuera del cuerpo. Locura que nos arropa si nos relacionamos con nuestras emociones como enemigas en vez de maestras.
 
Saturno en Piscis nos invita a la maestría emocional, nos invita a construir vías y prácticas para sostener y encauzar nuestras respuestas somático-emocionales al cambio, a los cambios que estamos llamadas y llamados a vivir y encarnar como generación presente en este siglo, en este milenio. Muchas y muchos creímos ser la generación partera de una nueva era, de un renacer de la humanidad, para despertar a la realización de que somos la generación partera de la muerte de una era humanitaria. Esta realización nos habla de que estamos aquí para acompañar un final. Esta realización le resta al glamour de ser quienes damos la bienvenida para abrazar la responsabilidad de ser quienes honran la ceremonia del cierre. Por lo menos en los próximos tres años, ésta es la escuela, ésta es la tarea. La tarea de cerrar bien, y con cuidado, para que lo que vaya a nacer, nazca en la mejor de las condiciones.

Y el espíritu de Saturno en Piscis de lo que nos habla es de que seamos capaces de sacrificar nuestro lugar en la fiesta de bienvenida para ocupar la sacralidad de oficiar la ceremonia de despedida, sin garantía de ser testigos y partícipes de lo nuevo.

Sólo escribirlo me mueve un sentimiento de martirio, de entrega desmedida a un servicio ingrato. ¿Es decir que somos la generación que ha elegido el rol de la invisibilidad, de la clandestinidad, de no recibir el reconocimiento de lo que estamos sosteniendo?

Parece que sí.

El cambio lo sostenemos ceremonialmente cuerpo adentro, en la retirada y el silencio, en la autocuración alquímica, en las purgas cíclicas de la transformación.

Somos el alambique de la muerte, testigos de la gran disolución íntima, territorio adentro.

Esta realidad puede sentirse como un balde de agua fría para quienes nos hemos identificado con ser los guerreros del nuevo tiempo, trabajadoras de la luz, oficiantes de la gran llegada, cuando realmente somos guardianas de los misterios de la herida, de la purga, del veneno.

Somos reyes y reinas del inframundo que han olvidado como usar sus dones de curación. Saturno en Piscis viene a despertar esta conciencia y lo hace con voz de trauma, resistencia, dolor y sufrimiento en la medida que sigamos alimentado las fantasías escapistas del neo-chamanismo de la nueva era, la trascendencia y la disociación.

Hasta que no aceptemos que somos generacionalmente testigos y eslabones de la humanidad en su muerte, no podremos encontrar la vía del gozo radical.

El gozo está en sentir profundo adentro que las próximas generaciones nos necesitan en integridad, en nuestro lugar, avatares no sólo de la luz habitada, sino también de la sombra habitada. Purgamos por ellos, ellas. Somos el eslabón para los niños y las niñas que nacen y nacerán en este tiempo. Somos la memoria de la continuidad. Somos sus maestros y maestras en un mundo que los ha traicionado. Nos necesitan en tarea, no en fiestas de trance, adictos al azúcar, escapando de lo que hemos heredado y les pasamos sin digerir.

¿Qué no hemos aprendido?, pregunta Saturno. Tenemos la oportunidad de corregir, reparar los cimientos del pasado. ¿Lo haremos?
 
No hay escapatoria, porque nuestro cuerpo es el borde, el límite, el contenedor de nuestras aguas y su memoria. Y, nuestras aguas están llamadas a ser re-movidas en lugares inhabitados, inconscientes. Neptuno lleva desde el 2011 navegando el signo de Piscis. Ahora Saturno va a hacer muy tangible su legado.

Para muchos y muchas la realización saturnina va a ser el balde de agua fría sobre nuestros llamados sueños y visiones utópicas. No hay idealización escapista, autoengaño o fantasía anestesiante que pueda contrarrestar la llamada a tierra de Saturno.

¿Cómo se traduce esto de manera práctica? Si no huimos, entonces encarnamos.

Estamos presentes, con todo lo que esto implica a nivel somático-emocional.

Nos reconocemos, y aceptamos encarnar lo que somos. Para muchas y muchos se acabaron las excusas, no hay máscara que pueda encubrir nuestra verdad. Es maravilloso, lo cual no quiere decir que no sea doloroso. Esta curación pisciana es dolorosa porque la medicina de la conciencia y de la realidad tienen que llegar más profundo que el veneno. Y eso duele.

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