Para quien se abra a la escucha, la llamada enfermedad suele ser el libro, el guion de lo que pide muerte y regeneración en el espíritu. Cuando el síntoma se revela en el cuerpo, nos habla de un llamado, de una voz silenciada, ignorada en nuestro proceso de escucha interna, que entonces se revela o expresa a través de nuestro cuerpo. Cultivar la escucha de esta voz es lo que llamaríamos un proceso de curación consciente, o de autocuración.
Asumir nuestro liderazgo y autoridad implica tomar las riendas de nuestro proceso de curación de manera creativa. La creatividad es una extensión de nuestra expresión. Es la voz de nuestro Yo que revela nuestro compromiso con expresarnos.
Un pensamiento creativo es un pensamiento soberano que puede cambiar la direccionalidad de nuestra vida. ¿Cómo reconocer esta chispa creativa autónoma, esta voz soberana que nos habita y nos habla desde la más profunda benevolencia de la creación?
Tal vez cultivando una relación con este impulso vital, este deseo de ser, esta necesidad de brillar. Es decir sí a nuestro fuego y emanar el calor del ser. Un sí a la vida que nace del fuego de nuestras células. Un derecho y un merecimiento real de ejercer el poder de crear nuestra vida, de ser creadoras de nuestros caminos y guardianes de la sabiduría alquímica de nuestro corazón.
