Yo soy mi cuerpo y su tejido de historias vividas por otros en mí. Historias a las cuales –desde el reconocimiento de hoy, desde la soberanía y el centro de mi yo soy presente– no he consentido.
El Yo Soy se completa en el descenso al tejido profundo de la consciencia de la materia.
Desde la mirada dualista, este descenso correspondería al reino uterino de la madre, el vínculo matrístico con la Tierra, lo femenino.
Ese es un camino de retorno, de encuerpamiento, descenso, muerte, composta, fermento.
Un camino de iniciadas e iniciados que, a través de las eras, nos han dejado el legado y la guía –las escrituras– para no perdernos, para recordar esta dualidad ascendente y descendente de los ciclos de vida, muerte, vida.
Esta es la base de los mitos más antiguos, los logos primarios, que preceden la escritura, que nos llevan al origen. Es este origen el que nos permite encontrar los fundamentos del Yo. Sus raíces. Y desde ahí –abajo, adentro– regenerar y potenciar el brote de la vida. El proceso ascendente.
