La Luz de la Tierra vibra y su emanación nos sacude las larvas represoras que se alimentan de nuestra vergüenza, de nuestra auto-restricción. Nuestro cuerpo vibra. Nos habla con síntomas desconocidos. Hay dolores nuevos, extraños, disruptivos, brotes de malestar que se mueven, nos mueven y pasan. Al pasar, también emergen brotes de apetito vital, de sensualidad despierta.
De las cuevas profundas del cuerpo interno, nos asaltan memorias pasadas y pesadas, energía somática que se libera y, ahí en ese vacío que nos desconcierta, brota vida nueva.
Es un susurro y todavía hay mucho que mover para que podamos sentirnos seguras y seguros sosteniendo esta nueva narrativa emergente en nuestro cuerpo, nuestras relaciones y creaciones. Viene de adentro. Puede haber miedo. También confusión.
En realidad, es una actualización creativa, erótica y vincular que se viene gestando hace unos años y que se revela madura para la revelación que nos trae. Se trata de tener paciencia y, a la vez, aprovechar la llamada que nos invita a una nueva manera de habitarnos y, desde ahí, narrarnos.
