Mujer Ofrenda tiene que ver con reconocer la herida de nuestra orfandad y el impacto que tiene en la manera en la que (nos)compartimos, en la manera en la que entramos a la vida, nos entregamos y nos ofrendamos. El canal de nuestra generosidad y de nuestra creatividad están profundamente enlazados con las huellas de esta orfandad. El tránsito de la ofrenda inconsciente a la ofrenda consciente es un camino de reconexión con nuestra capacidad de amar, de dar y recibir amor, de darnos permiso para ser plenamente lo que somos, y honrar la expresión única de nuestra humanidad.
Si estamos disociadas, ¿desde dónde damos?, ¿desde dónde nos ofrendamos?
En estos pasados tres años, mi estudio ha sido cómo mover el trauma en mi cuerpo en belleza, en presencia tierna, feroz y radical. Cómo des-somatizar la ruta de la memoria de la violencia en mi cuerpo, y de cómo, en el surco que dejó abierto, sembré mi ofrenda.
Lo atestiguo desde un cuerpo atravesado por un huracán de síntomas que levantó las faldas de mi conciencia y reveló la entrada a mi misterio. Las rutas somáticas del dolor son las mismas que sostienen el camino del gozo.
El gozo es somático.
Ésta es la síntesis de mi camino.
Es un proceso de creatividad curativa y un proceso de curación creativa. Durante tres años, he puesto mi cuerpo en primera línea de mi evolución. Habité la trinchera de la guerra en mí. Hoy es un jardín que brota.
