En este umbral del Portal de los Ancestros, con Venus en retrogradación en Escorpio, comparto mi deseo de reencantar el campo vincular de Soberanía Creativa.
Los pasados seis años han sido años duros. En marzo de 2020, mi línea de tiempo personal se vio radicalmente alterada por la narrativa colectiva. Un cambio en mi línea biográfica me puso al servicio de los cuidos de mi madre y de su proceso de deterioro cognitivo. Mi madre falleció en junio de 2025.
Entre Puerto Rico y Barcelona, he navegado este ciclo altamente demandante cuidando mucho mi energía. Poniendo límites radicales. Puse límites a la energía que me distraía de lo más valioso para mí, que era estar bien, con mi corazón en su lugar, para sostener mi lugar de cuidadora sin enfermarme, en equilibrio.
La Rueda del Zodiaco me ha sostenido, protegido, guiado, resguardado durante las estaciones de este ciclo evolutivo. Durante estos años tan comprometidos con mi madre, mi servicio ha ido mutando. Mi disponibilidad afectiva, mi tiempo, mi capacidad de acompañar y sostener procesos han cambiado. He tenido que reconocer cuánto de mi energía estaba comprometida en los cuidos y cuánto necesitaba reservar para sostenerme a mí misma.
Estos años de aprendizaje con los límites me han desafiado a compartir aquí, en la newsletter de Soberanía Creativa, el impacto que tienen las proyecciones en mi campo energético. Las expectativas, las demandas, la familiaridad, la confianza, la admiración, la adulación, el respeto, la responsabilidad, la intimidad, la protección, el cuido y todos los matices y ambigüedades que se despliegan en este terreno creativo y vincular, tan complejo de navegar. Por no decir, por momentos, agotador, drenante.
A raíz del fallecimiento de mi madre me he sensibilizado a la sensación de sentirme drenada por un reclamo de atención, un abuso de confianza o una familiaridad que no es plenamente clara o consentida. Los límites se borran y el consentimiento también.
Para mí hay límites inviolables, que en este ciclo de Venus en Aries fueron transgredidos. Por ejemplo, recibir una visita no anunciada, tarde en la noche, de una persona de mis círculos fue realmente muy chocante para mí. No recuerdo haberle dado mi dirección. Y aunque se la hubiese dado, la confianza que sintió en poder tocar mi timbre, sobre las once de la noche, estaba fuera de lugar.
Lo registré en el momento. Se lo dije.
Esa persona tenía la mejor de las intenciones. Su entusiasmo en comunicarme algo hizo que se saltara muchas vallas. Me interrogo sobre ese permiso que sintió. Si lo sintió, en algún lugar debo haber consentido, me digo. Lo cual es mi propio gaslighting, es decir, yo misma invalido mi sentimiento de invasión, de violación de mi espacio seguro, mi intimidad. Me sentí vulnerable.
La confianza que otra persona pueda sentir conmigo no equivale a mi consentimiento. Que alguien se sienta cercana de mí no significa que hayamos construido la intimidad que autoriza determinados gestos.
No me he sentido escuchada. Esa es la verdad. Las intenciones pueden ser buenas, pero si yo vivo una invasión de mi intimidad entonces no son válidas ni justificables. Es una dinámica no consentida. Me siento parte de un drama proyectivo.
Una cosa es traspasar un límite. Otra es lo que pasa después, cuando intentas comunicar el impacto de esa transgresión. La posibilidad de reparar un malentendido o un error pasa por la capacidad de escuchar, reconocer y responsabilizarse por lo ocurrido. Sin esa escucha la confianza se deteriora todavía más.
Mis amistades pueden tocar mi puerta, sin avisar, a la hora que haga falta y quieran. Pero las personas que se unen a mis talleres, o hacen procesos conmigo, no son mis amistades. No pueden serlo. No significa que no haya afecto y afinidades. Significa que el lugar desde el cual elegimos no es recíproco.
Varias de mis amistades participan de Soberanía Creativa, sí. En esta dirección la energía fluye. En el otro sentido no fluye de la misma manera. Media una proyección. No nos conocemos fuera de los roles y el encuadre. No hemos cultivado una intimidad sostenida en el tiempo.
Que mi manera de compartir en Soberanía Creativa sea cercana no equivale a que sea íntima.
Reencantar el tejido vincular de Soberanía Creativa es crear un nuevo encuadre, un nuevo contrato, que permita que la energía que circula se regenere. Que circule por otras vías.
SE ME COLÓ
Como decimos en Puerto Rico, se me coló. Este término alude a una entrada furtiva, no consentida, de una energía disruptiva en nuestro campo operativo, que reclama, absorbe y ocupa un espacio energético determinado. Es una brecha a lo que entendemos por seguridad, respeto.
He tenido que decir que mi casa es mi casa, si yo no siento el respeto, con decir no es suficiente, que no tengo que dar explicaciones.
Dar explicaciones sobre por qué cierro una puerta que no consentí abrir es aceptar participar del drama ajeno, ofrendar mi tiempo y, en parte, hacer el trabajo por esa persona.
Dar explicaciones. Educar. Sí, pero ¿hasta dónde?
Cuando tengo que justificar un límite, explicar por qué ha sido transgredido y acompañar a la otra persona en la comprensión de sus actos, termino asumiendo una responsabilidad que le corresponde.
La reparación requiere reconocimiento, autorresponsabilidad y una voluntad real de transformar la conducta. Sin esas condiciones, la explicación prolonga la misma dinámica que necesito interrumpir.
Cerrar una puerta también es comunicar
Yo oriento mi energía hacia campos vinculares reparables. Cuando llego a un punto de no retorno en la confianza, prefiero hacer el duelo, honrar la pérdida.
Comparto mi energía afectiva con quienes la multiplican conmigo. En cuido, sinceridad, respeto. Sin esto, ¿para qué?
En este nuevo contrato energético, mi deseo es transformar mi patrón de disponibilidad vincular. No sé muy bien cómo se hace. Tengo el inicio claro.
SABÁTICA
He sentido que era tiempo de tomarme una sabática como terapeuta, como acompañante de procesos. Ofrendar un ciclo de pausa mi identidad dispuesta a acompañar, escuchar, apoyar, contener. Una sabática indefinida de mi rol como terapeuta. Un permiso a ver qué pasa sin me tomo un descanso del mundo terapéutico. Un tiempo para darle otro nombre, para mezclar pociones, danzar a diario en el corazón del vacío, volver a mi zen irreverente. Ser sincera. Hacer medicina.
Siento que la alquimia energética en la que me he movido a raíz de la muerte de mi madre vulneró mis límites y mi discernimiento. No me di cuenta a tiempo. Se me colaron algunas situaciones en las que no tuve una respuesta adecuada. En las que no puse límites a tiempo. En las que no nombré la inquietud o la incomodidad que registré. En las que asumí un compromiso sin interrogar su sustentabilidad.
El conflicto requiere mucha energía y, cuando estás navegando la somática y la mística del primer año de fallecimiento de tu madre, no tienes energía para la defensa. La porosidad del duelo te vulnera.
El duelo es un proceso de rendición espiritual, de porosidad y apertura. Creo que en mi ingenuidad o fantasía creía, o sentía, que las personas que llevaban años participando en mis talleres y círculos iban a tomar esto en cuenta a la hora de relacionarse conmigo.
No porque sea especial, sino porque mis ofrendas a través de Soberanía Creativa nacen de mi energía. Parece que tenía la expectativa de que hubiera una conciencia del cuidado. De la reciprocidad en ese campo compartido pide. No lo digo desde la petición de ser cuidada, sino desde la de no ser demandada. No es lo mismo.
Es muy peculiar la sensación de sentirte en exilio en tu propio espacio.
Mientras tú encarnas la frecuencia del duelo, de rendición, de apertura y de profunda vulnerabilidad, otras personas siguen relacionándose contigo desde las expectativas, las demandas y los códigos vinculares establecidos a lo largo de los años. El entorno reclama la misma disponibilidad, la misma capacidad de escucha, de contención y de entrega. Ahí se reveló para mí una sensación de extracción muy sutil.
En ese contexto se generaron tres situaciones en las que sentí invasión, falta de respeto, abuso de confianza, y gaslighting. Situaciones que me provocaron malestar, inquietud, incomodidad y una sensación de invasión y poco respeto. Situaciones ante las que carecía de energía para responder como hubiera querido.
Me encontré teniendo que protegerme dentro del mismo campo que había cultivado para ofrecer protección, escucha y acompañamiento a otras personas. Esta inversión de los lugares, esta sensación de tener que defender mi intimidad y mi energía dentro de mi propio espacio, ha sido una de las experiencias más reveladoras de este duelo.
Porque también he tenido que reconocer mi participación en estas dinámicas. Los límites que dejé abiertos, las incomodidades que callé, las señales que percibí y que carecía de fuerzas para atender.
También reconozco que estoy haciendo el duelo por una manera de ejercer mi servicio. Una manera de estar disponible, de abrir espacios, de acompañar procesos y de sostener vínculos que ha formado parte de mi identidad durante muchos años. Esa forma de entrega ha tenido un valor enorme en mi vida, pero sus condiciones necesitan transformarse.
Quiero seguir compartiendo mi trabajo, mi voz, mi medicina. Quiero seguir cultivando espacios donde la creatividad, la intimidad y la confianza puedan desplegarse. Y quiero hacerlo desde un encuadre que cuide la integridad de todas las personas que participan, incluida la mía.
Poner a mi rol terapéutico en cuarentena responde a una interrogación más amplia vinculada al gremio de las terapias, del desarrollo personal, de la cultura del bienestar, la redes, el algoritmo y la IA. No sé si esta interrogación es personal y está orientada a mi proceso íntimo con relación a mi creatividad, mi servicio y mi energía, o si está tejida en un campo más amplio. La sinceridad está en decir, no lo sé. Quiero abrirme al cambio. Abrí mi escucha a la llamada de un cambio. Me doy a mi misma el ciclo de Venus Escorpio para renovar mi campo de servicio, mi ofrenda. Me doy el tiempo de reencantarme de vuelta a mi propia casa, a mi trama vital. Escribir e ilustrar el Cuaderno de Venus ha sido muy positivo para mí. Me ha dado mucha claridad. He podido ordenar años de experiencia en una estructura sólida y sostenida. Ha sido revelador.
Este es el inicio de reencantamiento de Soberanía Creativa. Es también mi rezo para este Portal de los Ancestros.
La sombra que ha circulado por estas corrientes de intercambio vincular ambiguo, las emociones que ha despertado en mí, la autoridad interna que ha convocado, forman parte de lo que presento ante mi linaje este año. Presento los sentimientos que estas transgresiones abrieron el mí, lo que revelaron. Reconozco que estas corrientes de desamor y desvalorización llegan lejos en mi linaje. Escucho el eco de sus voces. Reconocer esto me permite situarme en el presente. Poner el límite.
Es un proceso de ordenamiento. De responsabilizarme por mi no. De sentir mi somática, mi autocuido y decir, no, así no. No voy a dar continuidad a este patrón. Quiero transformar esta dinámica.
Este año he visto una capa más profunda de mi herida de desamor o desvalorización. Un lugar íntimo que cedí a través de un sistema de confianza que estaba basado en una narrativa de solidaridad, de comunidad femenina, de ecologías compartidas.
He tenido que reconocer cómo determinadas dinámicas vinculares se apoyan de estos relatos colectivos para encubrir una energía de consumo. Detrás de la ideología compartida, surge la verdad del vínculo. Alguien quiere algo. Acceso, información, sabiduría, poder, energía. Quiere y no acepta el no. El espectro va de lo sutil a lo evidente. Consume, sin límite, voraz, incluso engulle. Pero no digiere.
La solidaridad, la comunidad femenina y las ecologías compartidas son valores fundamentales para mí. Precisamente por eso necesito distinguir entre las palabras que invocamos y las prácticas que realmente cultivamos y caminamos. Entre una narrativa de reciprocidad y un intercambio que en verdad la encarna. Entre una comunidad que cuida sus recursos y una dinámica que los consume.
Reconozco mi manera de participar en estas redes de confianza. Los lugares donde cedí intimidad, donde confundí afinidad con reciprocidad, donde sostuve una disponibilidad que dejó de ser coherente para mí. Hay una memoria de desamor y desvalorización que estoy aprendiendo a reconocer en mi cuerpo, en mis decisiones y en mi manera de relacionarme. Es sutil y en estos momentos, gracias a Venus en Escorpio, se deja ver y sentir con claridad.
Este también es el trabajo del Portal de los Ancestros. Ponemos conciencia en lo que hemos heredado. Los patrones de desvalorización, desamor, sobreentrega. Las lealtades, los duelos y las formas de intercambio que se constelan en nuestras relaciones. El Portal es el momento del ciclo energeticamente propicio para reconocer qué alimentamos con nuestra energía, qué necesita concluir y qué merece ser cultivado.
Reencantar Soberanía Creativa es abrirme a una transformación desconocida. Es aceptar que algo en mí muere, o tiene que morir. Es confiar en el proceso. Es recapitular lo que ha sido este pasado ciclo de trece lunas, reconocer el patrón emergente, agradecer lo que revela, porque aunque duela o choque, también me libera.
Este es el nuevo contrato que se empieza a gestar. Estoy disponible a transformar mi manera de estar al servicio, de compartir mi trabajo y de participar en comunidad. Una manera de honrar todo lo vivido, hacer el duelo por lo que ha concluido y abrir espacio para lo que desea nacer. Se gesta la muerte. Se escucha la voz del descenso. El alma respira la llamada. El deseo quiere nacer. Una parte nuestra ha de morir. Se entrega para que crezca.
El reencantamiento del campo vincular de Soberanía Creativa también incluye vivificar la corriente energética que circula a través de las almas que estamos aquí conectadas. Nuestras almas y nuestros linajes.
Ya sea a través de Venus, la Luna, la Rueda del Zodiaco, la ciclicidad, la creación, la cura, el misterio, algo nos teje en resonancia compartida, sutil y profundo. Desde este lugar reconocemos nuestro lugar en la trama, en pertenencia. Esta pertenencia nos hermana, nos congrega. Ahí hay algo universal, cósmico que nos une.
Cuando hablo de reencantar Soberanía Creativa, honro una historia que comenzó mucho antes, con Luna de Abril, en 2010. Son dieciséis años (dos ciclos de Venus) de publicaciones, encuentros, talleres, círculos, procesos, aprendizajes, duelos, celebraciones, creación y transformación. Dieciséis años en los cuales se ha ido tejiendo una trama afectiva entre personas que compartimos valores, miradas, deseos e intenciones. Compartimos una manera de relacionarnos con el relato de hoy, con la vida, con la Tierra, con los ciclos y con el misterio.
Hay una memoria viva en este tejido. Hay confianza, intimidad, conocimiento, experiencias compartidas. Hay personas que llevan muchos años aquí, que han acompañado las transformaciones de mi trabajo y que han contribuido, desde su participación, a darle vida y continuidad. Todo esto tiene para mí un valor inconmensurable. Es una riqueza que quiero honrar, cuidar y seguir cultivando. De ahí el reencantamiento de Soberanía Creativa a favor de una circulación relacional que cuide y honre lo que con el tiempo se ha desplegado.
Como he mencionado anteriormente en algunas newsletters, Soberanía Creativa no es un círculo, no es una comunidad, ni un proyecto colectivo. Lo sigo nombrando porque es parte del encuadre, del contrato. Soberanía Creativa es mi proyecto. Está abierto a la colaboración, pero su centro es en singular. El tiempo, el cuerpo, la energía, el conocimiento y la experiencia que sostienen Soberanía Creativa tienen un centro en singular, el mío. El pequeño equipo de Soberanía Creativa es sostenido por Soberanía Creativa. Por los contenidos y creaciones que propongo y comparto.
A veces la universalidad de lo que comparto vela u opaca la singularidad que lo gesta, que lo crea.
Mi reencantamiento es no exiliarme de mi lugar. Es cuidar mi lugar y mi casa.
Es valorarme lo suficiente como para validar en voz alta mi derecho sobre mi jardín. Mi jardín es abundante, y muchos y muchas han multiplicado sus frutos en él, y me alegro.
En el proceso que describo me he dado cuenta de que hay personas que han creado comunidad a través de Soberanía Creativa. Las redes están hechas para que las almas afines se encuentren y colaboren. No me refiero a este tipo de encuentros o enlaces.
Me refiero a personas que se suman a mis proyectos o talleres y los usan de plataforma social para sus propios proyectos. Con los años te encuentras que hay personas que están en esa búsqueda constante de relaciones, contactos, enlaces, que se alimenta de una trama afectiva y de confianza construida y sostenida por otra persona. Puede ser con la mejor de las intenciones, pero si nos detenemos un momento a escuchar la energía, a cómo circulan los recursos y quién se beneficia de estos intercambios, podemos reconocer formas sutiles de extracción y una ausencia de reciprocidad. Las relaciones públicas no siempre con relacionales.
Mi reencantamiento dentro de Soberanía Creativa para por recuperar mi lugar en el centro de este proyecto. Regenerar mi energía, mi deseo, mi autoridad y mi capacidad de discernimiento. Porque no consiento a este tipo de intercambio extractivo. Yo no hago relaciones públicas. Yo no vendo comunidad.
Plutón en Acuario nos invita a reconocer que una de nuestras mayores riquezas son nuestros amigos, nuestras redes y las alianzas colaborativas que podamos sostener. Pero también nos confronta con las relaciones de poder que se organizan alrededor de estos vínculos.
Observa cómo en las redes sociales los seguidores, los comentarios y los likes, equivalen a capital. Son poder. Mira la manera en que se venden los datos. Venden comunidades. Una comunidad tiene un valor inmenso.
En las relaciones de confianza hay una riqueza afectiva, creativa, social y económica que se cultivan a través del tiempo. Por eso necesitamos estar concientes en cómo participamos en estas redes, cómo circulan sus recursos, quién las sostiene, quién se beneficia de ellas y qué relaciones de reciprocidad las alimentan.
Reconozco mi participación. Los límites que dejé abiertos. Las señales que percibí y que carecía de fuerzas para atender. Y también reconozco que esas dinámicas tienen que salir del campo de Soberanía Creativa. Interfieren con mi energía, intefieren en la trama vincular de S*C, interfieren en el servicio y en la tarea.
Quiero que quede claro que este reencantamiento es un acto de amor hacia Soberanía Creativa, hacia su historia, hacia mi trabajo y hacia todas las personas que participamos desde el respeto, la sinceridad, el cuido y la madurez afectiva.
Hay maneras de relacionarse, de buscar acceso, de utilizar las redes, los contactos, la confianza y la disponibilidad ajena que resultan incompatibles con la integridad de este espacio. Y es a esas maneras de participar y a esos patrones extractivos, a los que estoy cerrando la puerta.
Necesito recuperar mi lugar para poder seguir ofreciendo mi trabajo desde la alegría, el deseo y la libertad. Para que quienes estamos aquí, sosteniendo una relación consciente con lo que compartimos, podamos continuar nuestro camino sin tener que destinar nuestra energía a defendernos de dinámicas que consumen los recursos que necesitamos para crear, investigar, acompañarnos, amar y crecer.
Mi reencantamiento consiste también en esto. En dejar de exiliarme de mi autoridad. En honrar la obra que he creado, la red afectiva que se ha tejido a su alrededor y la responsabilidad que tengo de cuidar sus fronteras.
Este es mi rezo para el Portal de los Ancestros. Honrar lo que hemos tejido, reconocer lo que necesita concluir y recuperar la energía que queremos ofrecer a la vida.
Que lo que hemos cultivado con amor, tiempo, conocimiento y entrega pueda seguir creciendo.
Que la reciprocidad encuentre su cauce.
Que cada persona ocupe su lugar y asuma la responsabilidad por su manera de participar de la corriente vital.
Que Soberanía Creativa siga siendo un campo fértil para quienes deseamos relacionarnos desde la integridad, el respeto y la soberanía de nuestro deseo.
